Sin alardes y sin artificios, Ana Barrón, enóloga de la Granja de Nuestra Señora de Remelluri (Labastida), demostró el martes por la noche, en la última cata de la temporada para www.lomejordelvinoderioja.com, que también hay verdad en el mundo del vino y que palabras como 'terroir', finca o tipicidad cobran sentido cuando la aspiración de una bodega es reflejar el paisaje y hacer los mejores vinos posibles con un objetivo claro: el disfrute. Remelluri pasó de la vanguardia de Rioja a casi el 'olvido' de la crítica, cuando el concepto de bodega sigue siendo el mismo, entonces y ahora: «Nos catalogan como clásicos, creo que no con las mejores intenciones -explica Ana Barrón, enóloga de la bodega-, pero para nosotros es un honor porque no hay nada más clásico que reflejar la tipicidad de la zona y de las variedades en unos vinos que necesitan tiempo, aunque la corriente actual sea el consumo rápido».
La enóloga recordó que fue el escritor Manuel Llano Gorostiza el primero que acuñó el concepto de finca en España, una idea sobre la que gira toda la filosofía de Remelluri. Es, junto con Contino, la primera bodega de Rioja que aplica en todas consecuencias el concepto de propiedad, de chateau, hasta el punto de que sus vinos varían considerablemente en función de la añada, aunque con una tipicidad, especialmente por la mineralidad y terrosidad, presente en toda su gama.
La cata
Barrón comenzó con la máquina que mueve la bodega. El Remelluri Reserva, en dos añadas excelentes, 2005 y 2001. El primero aún no ha salido al mercado y la enóloga lo presenta como «muy joven aún». «Dicen que cuando mejor están nuestros vinos es cuando acaba la añada y es porque apostamos por las crianzas en madera, pero también en botella, para conseguir una finura y una elegancia máxima, el gran potencial del tempranillo».
La comparativa de añadas demuestra que la línea entre el clasicismo y la vanguardia es más delgada de lo que parece. Son vinos cubiertos de capa, carnosos, con estructura, pero de gran elegancia, especialmente el 2001, que muestra ya esos recuerdos del buen vino de guarda con potente fruta debajo de notas ahumadas y especiadas.
El Remelluri Gran Reserva 1999 es una elaboración que la bodega saca en años especiales. De hecho, de dicha cosecha salta hasta el 2005. De 1999 se hicieron sólo 32.000 botellas. El vino es selección de algunas de las mejores uvas elaboradas y vinificadas por separado para un ensamblaje final en un vino que crecerá a lo largo del tiempo. Todo un clásico en el buen sentido, que no entra en juegos ni modas, y que no aspira a ser mejor ni peor, sino expresión de la finca.
El Colección Jaime Rodríguez 2004, entre 3.500 y 4.000 botellas, es una excepción en Remelluri. Es el vino más moderno, más estructurado y más madurado en la viña. Intenso en todos los aspectos de la cata, cada añada es diferente porque no proviene de unas fincas concretas (de las 105 hectáreas de viña, Barrón tiene identificadas 200 parcelas diferentes). «Ninguna viña madura igual de un año a otro; lo que intentamos es reflejar lo mejor de cada cosecha», describe Barrón.
El 2004 tiene un 25% de garnacha porque la enóloga encontró el carácter que buscaba en esa variedad (el 2003 es 100% tempranillo). En la cata, el vino se muestra potente, con frutas más negras y maduras, pero sin sacrificar un ápice de elegancia ni de la frescura que caracteriza una de las fincas con más pluviometría y altas de Rioja.