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Cultura

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La escritora fabula sobre la vida de los pioneros del fotoperiodismo
11.06.09 -

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Susana Fortes relata la tormentosa relación de Robert Capa y Gerda Taro
La escritora junto a su libro 'Esperando a Robert Capa'. /EFE
Hace apenas dos años se descubría en México una maleta con material fotográfico que andaba perdido desde hacía más de 70 años. La maleta contenía imágenes inéditas de los tres pioneros del fotoperiodismo de guerra: Robert Capa, David Seymour 'Chim' y Gerda Taro, la primera mujer corresponsal de guerra y la primera en morir desempeñando su trabajo (falleció en la batalla de Brunete, arrollada por un tanque).
En la maleta se encontraron fotos de la guerra civil española, de los campos de refugiados en el sur de Francia y escenas más intimistas y caseras. En una de ellas aparece una mujer recostada sobre una cama y vestida con un pijama de hombre. La mujer es Gerda Taro y el pijama era de Robert Capa. Éste fue el punto de partida en que se basó Susana Fortes (Pontevedra, 1959) para escribir Esperando a Robert Capa (Planeta), una novela que fue galardonada el pasado mes de mayo con el premio Fernando Lara. «En todas mis historias parto de una imagen», dijo Fortes. «¿Qué hay detrás de esa foto?, me pregunté.
¿Cómo sería esa mujer que tanto apasionó a Capa y por la que bebían los vientos decenas de hombres?». La novela abarca dos años: desde 1935, cuando se conocen en París, hasta el fallecimiento de ella en Brunete. La novelista confesó que es una mitómana y que antes de escribir la novela lo sabía «casi todo» sobre el fotógrafo húngaro. «Era guapo, valiente, un poco inconsciente y con una personalidad arrolladora». Gerda Taro «era bajita, de uno cincuenta, angulosa de cara, pero con algún tipo de magnetismo, pues tenía a medio regimiento detrás». Cuando se conocieron, Capa tenía 20 años y ella 23.
Gerta Pohorrylle (así se llamaba) procedía de una familia judía alemana. La chica huyó a Francia huyendo de los nazis. «Era una mujer alegre y decidida que fumaba y bebía con el mismo descaro que los hombres». París está lleno de refugiados. Un hervidero de miseria, pero también de gente idealista y entusiasta.
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