Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Cultura

CRÍTICA DE CINE

01.06.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Conspiración en el Vaticano
E stos días los comentaristas y críticos de cine nos hemos visto sometidos al primer grado en la escala de interrogatorios respecto a nuestra opinión sobre cuál de las dos adaptaciones de las novelas de Dan Brown a la pantalla grande, El código Da Vinci y Ángeles y demonios, es mejor.
Las comparativas imponen respeto y son odiosas. Te pueden gustar las dos; y ambas te pueden enojar. En mi caso, el dilema se resuelve a favor de Ángeles y demonios, que atrapa mi curiosidad desde los primeros planos y sobre todo cuando se plantea la conspiración llevada a cabo por una sección religiosa que según la teoría que maneja la película hace bastantes años fueron pateados por la Iglesia y expulsados de la misma por proponer ideas poco menos que revolucionarias.
Un punto de partida o idea cualificada o marciana (táchese lo que no proceda) pero que propone algún coscorrón y puntapié sobre la turbiedad y fariseísmo del Vaticano, como cuna del poder religioso católico, que Dan Brown, el exitoso escritor, lleva al terreno de las teorías de intriga y complot para urdir un curioso tejemaneje en clave de thriller que ataca los valores y principios más rancios y cavernícolas del catolicismo reaccionario.
Asunto que arranca con el inesperado fallecimiento del Papa Juan Pablo I que pone en marcha el mecanismo de las confabulaciones y desata el caos y el miedo por la repentina aparición de una antigua secta denominada 'Illuminati' que no sólo secuestra a cuatro cardenales propensos a llevar el anillo del pescador sino que su atrevimiento les conduce a poner una arma mortífera que destruirá todo un emblema, el Vaticano.
Como toda trama descabellada o sujeta a cierto relativismo que según como se lea puede tener su connivencia con el espectador, el filme se construye en torno al suspense y a la limitación del tiempo para descifrar las claves diseñadas por la facción contestataria, que adopta modelos terroristas, con sicario incluido, y sirven para la nueva irrupción del profesor de simbología, Robert Langdon (Tom Hanks). Éste, acompañado de una científica, emprende la búsqueda de pistas repletas de secretos que esconden un puñado de revelaciones que ponen en solfa el tinglado de la curia vaticana.
Hipótesis que da el juego suficiente para una aplicada y amena narración de Ron Howard que gracias a un guión ligero y académico en su registro de misterios extraños y personajes ambiguos conforman un relato vistoso y entretenido que cumple con las expectativas del producto. A su favor coquetea un par de secuencias logradas, el estupendo reparto y los gestos de recelo de Langdon a una sociedad religiosa inamovible en su doctrina y refractaria a cualquier atisbo progresista.
Banesto: Tenemos lo que todos quieren: Nuestro Depósito Selección
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
larioja.com en Facebook
Vocento
SarenetRSS