El afán constructor ha traído, entre otras consecuencias, que el norte de La Rioja se encuentre inmerso en una de las seis grandes áreas de mayor contaminación lumínica de España: la cabecera del valle del Ebro-País Vasco. Sólo la zona montañosa sur de la región se libra de los excesos de luz.
Carlos Herranz Dorremochea, presidente de Celfos, asociación que lucha contra la contaminación lumínica, alerta de los excesos en las nuevos desarrollos urbanísticos que rodean la capital riojana, donde, en su opinión, existe una tendencia a la exageración del consumo de luz. «En las rotondas de acceso a Logroño, como la zona del campo de fútbol, hay unos resplandores tremendos que hace años no se advertían», concreta.
Se trata, en su opinión, de una tendencia en las áreas de nueva construcción de la que Herranz apunta como corresponsables al Ayuntamiento y a los constructores. «No todo es responsabilidad municipal, -añade- porque hay muchos constructores que se encargan también de la urbanización de los edificios».
Luz al cielo
La querencia, en opinión del también físico, es iluminar con mayor potencia, mayor intensidad y sin control de hacia donde se dirige la luz. En la actualidad, asegura que se está arrojando mucha luz hacia el cielo «que es luz que se pierde, no ilumina y no tiene, por tanto, ninguna función, pero se paga». También se iluminan las fachadas de los edificios lo que supone una invasión del espacio privado y en consecuencia «no sólo degradamos el cielo nocturno, sino también el descanso del hombre».
Carlos Herranz considera que en La Rioja hay una carencia añadida y es la desregulación del alumbrado público y privado, circunstancia que contrasta con la de las comunidades vecinas. En concreto, Navarra dispone de normativa de alumbrado, Castilla y León ha presentado un anteproyecto de Ley y el País Vasco está tramitando una proposición de Ley, lo que significa que La Rioja podría quedar en pocos años rodeada de territorios con regulación pero, paradójicamente, «se verían afectados directamente por la contaminación lumínica procedente de esta región».
Efectos secundarios
Para el presidente de Celfos la contaminación lumínica tiene importantes efectos medioambientales «clarísimos porque hay muchas especies que se ven afectadas por la luz, sobre todo, los insectos que proliferan atraídos por la luz».
En relación a las personas, genera fatiga visual, dificultades para dormir, estrés, cambios de conducta y alteración del ritmo circadiano. Este último está regulado por la hormona melatonina que se segrega de madrugada, en la oscuridad, y «cuando se segrega menos tiene una serie de efectos secundarios porque al ser un potente antioxidante previene el cáncer». En la actualidad, añadió Herranz, se estudia «la incidencia de la luz en el desarrollo de distintos tipos de cáncer».