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El escándalo de los gastos en los Comunes y la crisis auguran un fuerte ascenso del extremista BNP en los comicios europeos
30.05.09 -

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La ultraderecha británica se crece
Militares del Partido Nacional Británico, BNP por sus siglas en inglés, reparten panfletos en Londres. / EFE
Los correos electrónicos que reciben diariamente los suscriptores de los 'Mensajes del presidente Griffin' provocarían la risa si no causaran también repugnancia. Y la manera en la que incluyen a posibles interesados en su lista de receptores de correos electrónicos ilustra las tácticas del Partido Nacional Británico (BNP).
En Staythorpe, en el condado de Nottinghamshire, hay una protesta de los sindicatos británicos porque una empresa española ha traído a sus propios especialistas para construir partes de una central eléctrica y los trabajadores locales sin empleo creen que se incumple el convencio nacional británico.
Activistas de la protesta crearon una página de Internet y el administrador de la página envía regularmente a los visitantes registrados información sobre el conflicto laboral. Un miembro o simpatizante del BNP que estaba en la lista recopiló todas las direcciones y sus propietarios reciben ahora en la bandeja de entrada dosis diarias de Griffin.
«¡Que llegue el día 4!», dice un mensaje, mencionando la fecha de las elecciones europeas en Reino Unido. «¡Se acerca el Día D! ¡El futuro de nuestros hijos está en peligro! ¡Haz una donación heroica!». El tesorero del BNP dimitió hace unos años porque el presidente, Nick Griffin, usaba fondos del partido para hacer obras en su casa.
La mercadotecnia de la campaña es una prueba de que el BNP es ahora, como ha descrito el escritor Nick Cohn, «un partido de matones con traje». En un diálogo grabado subrepticiamente entre Griffin y David Duke, ex gran mago de los caballeros del Ku Klux Klan americano, el británico ya decía que «hablar de pureza racial no lleva a ninguna parte, por eso hablamos ahora de identidad».
En un momento de crisis económica y con un Reino Unido que ha vivido, en la última década, la mayor ola de inmigración de su historia, el caldo parece propicio para el cultivo del nacionalismo xenófobo. Doscientos mil británicos ya votaron a candidatos del BNP en las elecciones municipales de 2005. Y el descrédito de los grandes partidos como consecuencia de la saga escandalosa de los gastos fraudulentos que cargaban los parlamentarios ha aumentado las expectativas de que el BNP pueda obtener sus mejores resultados el jueves.
Pero, a la espera de que los comicios confirmen el ascenso del BNP, es casi seguro que el sistema electoral impedirá que un candidato de la extrema derecha sea elegido. Otra cosa es el UKIP, el Partido por la Independencia de Reino Unido, que aboga, como el BNP, por el abandono de la Unión Europea. El UKIP obtuvo doce europarlamentarios y el voto de 2,6 millones de británicos en las elecciones de 2004. Se define explícitamente como un partido no racista. Creció tras la caída de Margaret Thatcher, en la estela del agrio debate que dividió a los conservadores sobre su política europea y, desde entonces, su popularidad ha aumentado.
Los sondeos predicen una alta abstención en la actual atmósfera crítica contra la clase política. Y eso podría beneficiar a los partidos militantes.
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