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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Baloncesto

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El Caja se queda fuera de la final por el ascenso tras un partido decantado al final por el arbitraje

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LLovia demasiado
Los árbitros son como la lluvia. Elementos: uno los tiene siempre encima, y sabe que, más tarde o más temprano, hará mal tiempo.Y no puede hacer nada para evitarlo. Así que cuando llueve es hora de adaptarse como uno pueda. O mojarse con donosura, o aprender a nadar.
Ayer al Caja le cayó el diluvio, y no le dio tiempo a construir su barco. No supo adaptarse a la labor de una pareja arbitral que, de tan mala, puede que hasta llegue lejos. Se desesperó, se hundió. Y la temporada se acabó. El sueño del ascenso será para otro año.
El partido había empezado del revés. Tarragona es un equipo acostumbrado a salir por delante, y el Caja Rioja... digamos que su primer cuarto no es el mejor de la liga. Ayer, sin embargo, los de Sala no estaban dispuestos a dar ni una ventaja. Muy fuertes en defensa, rapidísimos en la transición, con un Navarro y un Mediano enchufadísimos, los cajeros pusieron muy pronto en el marcador ventajas de entre 5 y 8 puntos.
No mucho, claro, y nada para confiarse ante Tarragona. Si el primer cuarto terminó 23-15, al Caja Rioja le iba a costar una enormidad hacer puntos en el segundo. Los catalanes tenían como objetivo claro sacar a Sidao del partido. Le buscaban con obsesión en las penetraciones, y en ataque cada movimiento del brasileño era respondido por un ataque epiléptico de su defensor. Los árbitros picaron, picaron y picaron. Tanto, que parece que hasta lo estaban deseando. Sidao acabaría con 5 faltas en el 33. Cuatro de ellas, en ataque. Tarragona, guiado por un gran David Mesa, puso cerco al marcador. Pero aunque se acercó, se fue al descanso por detrás.
El tercer cuarto iba a seguir por el mismo camino. Buen baloncesto, mucha pelea, Tarragona apoyándose en Mesa, y la lluvia cayendo. Hubo una técnica para el banquillo tarraconense (no se sabe muy bien qué protestaba Márquez, en realidad), seguida por dos pasos de Howard y Deforrest, una antideportiva de Arévalo y la tercera, en ataque, de Chufi. El Caja Rioja seguía sobrenadando, esperando que escampara un poquito y, al menos, pudiera tener juego interior.
Pero no había paraguas suficiente para lo que cayó en el último cuarto. El partido estaba 58-59, el marcador decía que faltaban 6:56. En lo siguientes 40 segundos caerían la cuarta de Chufi (en ataque), y la cuarta y la quinta de Sidao (la última, de nuevo en ataque). Y treinta después, una técnica a Sala.
Tarragona ni siquiera tenía que atacar: en todo el último cuarto hizo dos canastas en juego, pero tiró ¡27! tiros libres. Y metió 23, que tiene su miga. El Caja se precipitó, no supo calmarse, quería hacerlo todo rápido. Y perdió.
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