El Primero de Mayo reunió ayer en Logroño a apenas 2.500 personas, según el recuento realizado por este diario (3.500, según la organización), lejos de la movilización sindical del pasado 8 de mayo que, cuando menos, dobló las cifras de asistencia. Javier Granda, secretario general de UGT, puso momentos antes de partir la manifestación de La Glorieta el listón demasiado alto al confiar en reunir a más gente que entonces.
Sin embargo, ni los reivindicativos discursos previos sobre las «agresiones» de la patronal a los trabajadores ni los vertiginosos aumentos del paro de los últimos meses ni los expedientes de regulación de empleo (EREs) en marcha ni tan siquiera las alusiones a las 2.500 familias sin ingresos de ningún tipo convirtieron este Primero de Mayo de la crisis en una movilización para recordar.
De hecho, las pancartas alusivas a las empresas con EREs en marcha, incluida Kaufil, cuyos trabajadores, como recordó el secretario general de CCOO, Koldo González, inician hoy una huelga indefinida, y que brillaron por su ausencia, al igual que los colectivos de población inmigrante, supuestamente los más castigados por la crisis.
La comitiva
Una gran pancarta en la que se podía leer 'Frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social', que portaban entre otros los líderes regionales de UGT y CCOO junto con el presidente de la asociación 'La Barranca', Pedro García Rodríguez, abrió la comitiva. Al ritmo de una charanga, diferentes secciones sindicales de las centrales mayoritarias abrieron paso a un pequeño grupo de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), a los más 'guerreros' y ruidosos de Izquierda Unida y del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), que repetían consignas en favor de una huelga general. Una posibilidad que, si bien se contempló en las declaraciones y en los discursos de los líderes nacionales de UGT y CCOO en el Primero de Mayo de Madrid, no fue nombrada en ningún momento por los líderes regionales de UGT y CCOO. Al cierre de la manifestación, como suele ser habitual, el grupo de la CNT protagonizó el discurso y las consignas más radicales.
Tanto Javier Granda como Koldo González despidieron la movilización con reproches hacia «una patronal recalcitrante» y con alusiones a la necesidad de «acción sindical» ante la situación que vive el país y especialmente los trabajadores: «Viva la unidad sindical, viva CCOO, viva UGT, viva el Primero de Mayo», proclamó Javier Granda antes de entonar la Internacional y despedir a los manifestantes.