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23.04.09 -

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Probablemente haya sido su trabajo más breve. Le duró exactamente siete horas, las que abarcaba el turno vespertino (de tres de la tarde a diez de la noche) como educadora en la Residencia Iregua.
María explica que «el lunes me llamaron de la Consejería de Servicios Sociales para cubrir una baja como educadora en la Residencia Iregua, aunque no me explicaron de qué tipo de baja se trataba». «Llegué al centro el martes, a las dos y media, y -continúa- hablé con el director, que me lo explicó todo muy por encima y allí me 'soltó' a trabajar, pero sin darme mayores explicaciones».
Sin embargo, «enseguida me enteré de que la historia era que había habido un problema anterior, porque había entrado la familia de uno de los niños y había habido agresiones». Así, María constató que «toda la plantilla fija de educadores está de baja, de forma que los cuatro que estábamos trabajando el martes por la tarde estábamos cubriendo bajas». Para María era su primer día, «pero otra compañera llevaba sólo dos días, la otra tres y el otro, que ya tiene ataques de ansiedad, un mes».
«Ya te puedes imaginar cómo están los niños», añade: «Te encierran en la habitación y te amedrentan diciendo que si no les das algo te lo van a sacar por la fuerza, pero es que llegan a amenazarte con violarte». «Aquello es Sodoma y Gomorra», lamenta. Pero hay más: «No me llegaron a agredir, pero me agarraron fuerte, me empujaron y me intentaron tirar encima de una cama. Estás forcejeando con ellos continuamente».
«Estás solo»
Esta ex trabajadora denuncia que «allí no hay seguridad de ningún tipo y te encuentras totalmente sola». «Hay cuatro trabajadores para veinte chicos, pero la rebelión es absoluta y los insultos son constantes», añade. «Pero es que, además, los chicos están 'supercrecidos', porque han visto que sus familias entran a la residencia en cualquier momento y se toman la justicia por su mano».
Por ello, María decidió ayer renunciar al puesto.
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