Entre sus objetivos está, según establece el tercer artículo de sus estatutos, el de «exaltar la importante riqueza vitivinícola, llevando el conocimiento del vino a través de la cultura y su consumo moderado», y añade que «la asociación no atenderá a la defensa de intereses de carácter económico o de clase». Según explica su Gran Maestre, Javier Gracia, «nos consideramos voluntarios de la difusión de la cultura del vino».
Dentro de esa exaltación de la importante riqueza vitivinícola riojana, el objetivo se cumple dando a conocer y fomentando el consumo de la más variada y selecta gama de caldos a través de manifestaciones artísticas, literarias, sociales, folclóricas, culturales, etc., y, más concretamente, mediante la organización de actos periódicos en los que pueda enseñarse el arte del buen beber, independiente o complementariamente al del buen comer.
«Al principio, la gran mayoría de los cofrades pertenecían al sector vitivinícola», explica Gracia, y su buen hacer -trasmitiendo y difundiendo la esencia del vino de Rioja- y su perseverancia a lo largo de estos 25 años, le permite contar en su seno con 500 cofrades -la mitad de fuera de La Rioja-, «gentes amantes del Rioja».
Curiosamente, y a diferencia de lo que sucedía en su nacimiento, únicamente el 10 por ciento están dedicados al vino; el resto son un nutrido grupo de profesionales de otras áreas, si bien su presencia es fundamental ya que entre los 300 cofrades de mérito, se incluyen destacadas personalidades de la vida pública, y, junto al resto de cofrades difunden y propagan la tradición y la filosofía de los vinos de Rioja, y todo lo que le rodea, haciendo la labor de grandes embajadores del vino de Rioja y de las tierras que lo cultivan.
El vino lo impregna todo en la Cofradía. Incluso su vestimenta, que consta de una toga de terciopelo color vino con esclavina y manguitos de terciopelo negro con pasamanería y un cubrecabezas también color vino. En todos los actos o ceremonias oficiales los cofrades lucen el medallón distintivo de la cofradía, que se les entrega en el acto de su investidura, último paso del proceso de ingreso que comienza con una solicitud que deberá estar avalada por dos cofrades de derecho propio que serán los que apadrinen al solicitante ante la junta de altos dignatarios.
Gracia reconoce que «tras estos 25 años, la cofradía mantiene los mismos criterios de su nacimiento y se involucra en la cultura del vino». ¿Cómo se consigue? Pues con los periódicos actos que se organizan, entre los que destacan las catas de los caldos riojanos, las conferencias o los hermanamientos con otras cofradías.
Como «significativo» fue calificado por el Gran Maestre de la Cofradía del Vino de Rioja, Javier Gracia, el encuentro que la Junta de Altos Dignatarios mantuvo con el Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, en su reciente visita -que tuvo lugar el 13 de enero al monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla- en donde hace 25 años se constituyó la Cofradía.
«Un marco incomparable, además, donde se constituyó la Cofradía del Vino de Rioja, y la fecha, que coincidió con el inicio del año en que se celebra el XXV aniversario. Mejor no lo podíamos empezar».
Gracia apuntó que con motivo de este XXV aniversario «solicitamos que nos recibiese el Príncipe, y se nos contestó afirmativamente» Además «dio la casualidad de la visita de Don Felipe a San Millán a algún acto de la Lengua y se dirigieron a nosotros desde la Casa Real para consultarnos si nos parecía oportuno celebrar el encuentro en San Millán, y que el Príncipe se mostraba encantado. Nos causó una gran alegría, la coincidencia». Gracia afirmó que «sorprendió mucho que el Príncipe conoce muy bien el tema del vino de Rioja. Se le entregó una escultura consistente en un sarmiento de plata».