Después de un primer cuarto en el que no hubo resquicios para el error, porque en ambos conjuntos los porcentajes de acierto rondaban el cien por cien, todo hacía pensar que iba a verse un gran partido entre dos formas diferentes de afrontar un partido como el de ayer.
Al excelente y arriesgado juego interior del Plasencia respondía el Caja Rioja a base de triples y de lanzamientos desde fuera de la pintura para mantener la igualdad sobre la pista. Deforrest era el encargado de hacer valer la puntería riojana, en tanto que Mediano dirigía, distribuía el juego y también hacía sus pinitos dejando la batuta y metiéndose de lleno en la vorágine que se estaba formando sobre la cancha. Porque los extremeños exhibían una danza difícil de contener. 22-23 terminaba el primer cuarto. En el segundo, el Caja aguantaba a base de triples las acometidas rivales, hasta que la defensa empezó a tapar huecos y a dejar sin notas los instrumentos del equipo contrario. Se llegó al descanso con un prometedor 48-40, porque se veía que en la pista empezaba a fallar la mejor apuesta de los rivales.
Magnífica defensa
En el inicio del tercer cuarto, mientras que la melodía cajista seguía por el buen camino y su ritmo iba in crescendo, el Plasencia empezaba a desafinar y a dejar una estela de errores sobre el escenario bien aprovechada por el grupo de baile de Jesús Sala, que empezó a ejecutar sus mejores movimientos.
No sólo mantenía su ritmo de juego, sino que evitaba que el rival pudiera siquiera hacer valer su juego interior. La inspiración extremeña se veía continuamente frenada, porque en cada acción se veían con un hombre enfrente, aplicando un pegajoso marcaje en el que se veían una y otra vez pillados los pupilos de Ñete Bohigas, que se empezaba a desesperar ante la pérdida del compás de los suyos.
Un 20-5 en el tercer cuarto fue definitivo para que en la sala de baile del Palacio de los Deportes sólo quedara un conjunto. Si se cuentan también los cinco minutos anteriores, el parcial aún había sido más contundente (41-10), lo que hablaba por sí solo de lo que buscaban todos pero que sólo encontraban los cajistas, con unos excelentes porcentajes de tiro desde cualquier posición a lo largo de todo el encuentro.
El ritmo de la grada
En el último cuarto, lejos de empezar a buscar movimientos más tranquilos y sosegados en el ritmo del triunfo riojano, los de Jesús Sala siguieron manejando el partido dando a su juego el cariz de una frenética sucesión de excelentes aplicaciones del concepto de trabajo de defensa y ataque de un equipo en constante mejoría.
El conunto seguía gozando en la pista y el público lo agradecía haciendo la ola, mientras que todo acababa con un frenético mambo en el que los riojanos fueron interpretando con exactitud sus pasos durante todo el encuentro: tiros de uno, de dos, y de tres, con una excelente apoteosis final, triple incluido de Roberto Molina sobre la bocina. Y todos contentos.