Era viernes 13 y el Caja Rioja pareció caer bajo su maldición. Primero, porque sufrió las consecuencias de la inciativa del club local: los navarros quisieron crear ambiente y regalaron entradas a todo el que acudiera al Anaitasuna con un disfraz terrorífico.
Consecuencia: más presión ambiental de la acostumbrada sobre una pareja arbitral que no acertaron a frenar el duro juego de los anfitriones en determinados lances del choque. Esto mermó psicológicamente a los jugadores riojanos, que se mostraron impotentes en varias fases del juego debido a la pasividad colegial.
El duelo comenzó igualado. Los pupilos de Jesús Sada vieron claro que la fortaleza defensiva y un ritmo alto de partido les beneficiaban, así que le imprimieron velocidad al juego e impusieron su estrategia prácticamente durante todo el primer cuarto a pesar de estar siempre en desventaja. El segundo periodo, en cambio, comenzó mal para los visitantes, pues no tardaron los locales en alcanzar una diferencia de nueve puntos. Estos destacaron en el aspecto defensivo, liderados por un Chema González que estuvo inconmensurable en la recuperación de balones. Cinco triples permitieron al HNV Duar Navarra llegar al descanso con una renta de 14 puntos (50-36).
Malos porcentajes
Tras el paso por los vestuarios y pese a los intentos del conjunto de Jesús Sala para remediar la situación, apenas consiguieron recortar la diferencia en cinco puntos. En el último cuarto, el HNV Duar Navarra condenó a su rival a la derrota y mostró sus credenciales para el ascenso. Los anfitriones demostraron tener una plantilla de gran nivel, en el que destaca sin lugar a dudas el base Iñaki Sanz y el ala-pivot Eddie Cage. Los riojanos se mostraron menos fallones en el tercer parcial, pero no pudieron remar contra tanta corriente.
De todas maneras, el Caja Rioja, en estos dos últimos cuartos, estuvo intentándolo hasta la extenuación. Los riojanos estuvieron más voluntariosos, con más corazón que cabeza, pero se mostraban inoperantes bajo tablero y desde el tiro exterior, forzados principalmente por una gran defensa de su contrincante.
Quien tiene verdaderas razones para temer el viernes 13 (día desafortunado para los anglosajones) es André Howard. Jugó media hora y se marchó al vestuario con cero puntos y una escalofriante estadística de 0/12 en tiros de campo y dos tiros libres errados. Algo así no se explica si no es recurriendo a lo sobrenatural. La ayuda de DeForrest (19 puntos) no fue suficiente: el Caja Rioja cayó ante un rival directo por ocupar los puestos de play off. Maldito viernes 13.