Cuando el Caja Rioja entró en el partido, ya habían pasado diez minutos. Ellos quizá no se habían dado cuenta, pero sí el público, que tuvo que aguantar uno de los peores cuartos que se recuerdan en el Palacio. Pero cuando el 11-11 inicial pasó de largo, el Caja Rioja decidió entrar en el encuentro, subir el nivel, demostrar qué liga es la suya. Y el Cajasur Córdoba 2016 no pudo seguirle: la suya no es esta guerra porque, a día de hoy, estos dos equipos viven en distintos mundos. En dos ligas diferentes.
En el mundo donde vive el Córdoba hay muchos problemas. Económicos, de plantilla, de jugadores. Los andaluces tienen muy poco, y necesitan aprovecharlo a modo. Si, como les pasó ayer, se les lesiona un hombre clave -tuvo que ser el pobre David Suka, en su regreso al Palacio- su capacidad de reacción es escasa. Si enciman sus tiradores, como Ferrer, tienen mala noche, esas opciones se reducen a casi nada.
El Caja Rioja tiene la suerte de poder contar con diez jugadores de nivel, con una rotación de banquillo que puede mantener un nivel constante muy alto. Así, cuando en el segundo cuarto Sidao y Navarro subieron el nivel de exigencia física y defensiva, Córdoba se deshizo. El brasileño intimidado, Mediano marcando el ritmo, Howard haciendo cada vez más y mejores cosas... Así el marcador se rompió, y mucho. Un parcial tremendo de 22-2 para llegar al descanso fue demasiado para el Córdoba: 38-19 y al descanso, pero casi se podían haber ido a casa. Aquello estaba acabado.
Concierto
El Caja Rioja aún amplió algo más su ventaja (hasta 28 puntos, 65-37) y las cosas parecían encaminarse a un resultado de escándalo, porque la diferencia de juego y posibilidades de los dos equipos era demasiado grande.
Desafortunadamente, ése fue el momento que eligieron para hacerse presentes los dos colegiados del partido. Hay cosas inexplicables: el Caja ganaba por más de 20, y el Córdoba defendía durante grandes periodos con presión en toda la cancha. Lo normal en esas circunstancias es que el que presiona a la desesperada cometa más faltas y el otro tire muchos tiros libres. Pues no: según los señores González y Alonso, Córdoba cometió 5 faltas en toda la segunda parte, y el Caja ¡18! De hecho, los cordobeses tiraron nada menos que 19 tiros libres en el último cuarto, justo cuando más a la desesperada defendían y los pívots riojanos parecían sacos de arena.
Un arbitraje inexplicable, sin duda. Una liga como ésta no se merece colegiados como ésos.