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RSS | ed. impresa | Regístrate | 6 julio 2009

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Peña acaba quinto en la etapa, pero arrastra un cansancio enorme

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El piloto riojano José María Peña, a los mandos de su quad Yamaha, acabó ayer en la quinta posición de la tercera etapa del Rally Dakar que se celebra este año en la Patagonia argentina y chilena.
El resultado no deja de ser absolutamente sorprendente, no por la capacidad técnica y física del riojano, sino por el hecho de arrastrar dos días con cantidad de problemas y con el consiguiente sobreesfuerzo.
Así pues, el día de ayer tuvo una repercusión balsámica en el riojano y todo su equipo, que necesita más que el comer un descanso y un sueño reparador.
Con este buen resultado se puede empezar a soñar con una remontada que aúpe a Peña a una posición mejor, pero dadas las circunstancias, su última posición y no haber hecho aún las maletas rumbo a Europa es casi un milagro.
Todos los días pasa algo
En realidad la historia del Dakar es la gran suma de historias individuales. Quien más quien menos ha vivido una situación dura en carrera y raro es el día en el que las luces no alumbran hasta altas horas de la madrugada los boxes de los equipos, donde se trabaja sin desmayo.
A José María Peña le daría para escribir un libro sólo con las tres primeras etapas de este Dakar americano.
Rompió el motor el primer día y tuvo que reparar con el tiempo justo para presentarse en el control de firmas. El día siguiente no fue mejor porque el esfuerzo se acumulaba en una etapa realmente dañina para el organismo por su duración y largos periodos de viaje para salvar los 600 kilómetros de enlace.
Sin cobertura de móvil, sin apenas gasolina en los vastos y polvorientos territorios argentinos, el piloto riojano seguía en carrera.
Arregló el carenado de su quad con cintas de plástico porque las vibraciones llegaron a ser peligrosas por el riesgo de perderse o por un posible impacto sobre el propio piloto. Cuando estaba sujetando las protecciones aerodinámicas, un camión arrolló el quad de Peña sin detener siquiera su marcha. Gracias a una maniobra del piloto, el daño pudo ser peor.
Los destrozos los salvó como pudo, pero llegó de mala manera a la meta. Eso, unido al esfuerzo, la deshidratación (43 grados de calor) y el viento seco racheado se hizo aún más complicada la conducción y el trabajo de los mecánicos que llevaban ayer 48 horas sin pegar ojo.
Se la jugó
Peña estaba ayer satisfecho de su etapa y del funcionamiento de su máquina, aunque en realidad se la jugó por las pistas rápidas de comienzo y las más técnicas de la segunda parte. Apuró sus opciones y adelantó a unos 80 pilotos hasta que llegaron los coches, momento en el que todo se convierte en un desbarajuste porque apenas hay visibilidad.
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