E l pasado 26 de noviembre se celebraron en muchos colegios e institutos elecciones a Consejos Escolares. Entre otros colectivos, padres y madres estábamos convocados para elegir a nuestros representantes.
La Universidad de Lleida y el Ministerio de Educación acaban de publicar un estudio sobre participación de padres y madres en el sistema educativo. Las entrevistas realizadas a más de 12000 AMPAs muestran un dato significativo: el 57,5% de los padres se inscribe en ellas (y cree que es importante hacerlo), pero sólo un 18,3% asiste a sus reuniones y no llega al 4% el número de quienes «tiran del carro» a costa de su propio tiempo (en Secundaria los porcentajes bajan al 36% y al 13% respectivamente). Nuestros hijos lo tienen claro: sólo el 39% de los estudiantes españoles dice que sus familias se implican en las actividades de los centros, frente al 73% de estudiantes europeos que dicen ver a sus padres con asiduidad en las aulas (British Council, 2008).
Desde la Universidad de La Laguna, José Saturnino Martínez nos recuerda que los factores más importantes que explican los problemas escolares suceden fuera del aula. Según el informe PISA, el rendimiento educativo de los jóvenes se explica «en un 50% por la posición social de su familia, en un 18% por su composición socioeconómica y en un 6% por las características didácticas y organizativas de los propios centros». «Es decir, cuando debatimos sobre cómo mejorar la educación desde dentro de las escuelas, estamos discutiendo sobre el 6% del problema» (El País, 14 de enero de 2008).
Para terminar con los números, echemos una hojeada a los datos de participación en los procesos relacionados con los Consejos Escolares en La Rioja: el porcentaje de familias que acude a votar rara vez supera el 20% y, por lo general, oscila entre el 5% y el 10%.
¿Qué está pasando? Jordi Garreta, coordinador del estudio sobre participación de las familias lo tiene claro: deberíamos colocar señales de tráfico en las puertas de los colegios con una advertencia: «prohibido aparcar, salvo carga y descarga. ¡de niños!» Eso es básicamente lo que hacemos muchos padres: «parar, embarcar/desembarcar a nuestros hijos y marcharnos».
Pero aunque todos estamos de acuerdo en el hecho, no ocurre lo mismo cuando analizamos sus causas. ¿Falta de tiempo o de interés? ¿Culpa del centro o de las familias? Jordi Garreta recuerda que, «como causa primera, la encuesta detecta en un 85,5% de las respuestas falta de interés de las familias, si bien un 52,4% de las contestaciones apunta al insuficiente apoyo de los profesores y la dirección». Este hecho podría deberse «a que algunos profesores piensan que las familias interfieren con frecuencia en asuntos que no son de su competencia», por lo que propone una solución sencilla aunque, reconoce, muy lenta: «volver al colegio y aparcar el coche, porque son las relaciones personales, de los padres con los maestros y de los padres con otros padres, las únicas que pueden resucitar este movimiento asociativo».
Llevamos años haciendo hincapié en la necesidad de mejorar la organización interna de los centros (esa que representa un 6% del problema). Para conseguir el cambio de jornada escolar, por ejemplo, se han producido multitud de asambleas y reuniones por ciclos para informar a los padres. Podrá aducirse que la normativa vigente obliga a hacerlo, pero no podemos negar que si la experiencia ha sido útil debería ser extrapolable. ¿Por qué no se convocan reuniones sobre consejos escolares, impulsadas periódicamente desde los centros, que sustituyan las meras apelaciones al voto realizadas por sus directores en las asambleas de AMPAs?
Para elegir el modelo de jornada escolar hemos dispuesto de amplísimos horarios de votación, superando en muchos casos las doce horas (desde las 7,30 hasta las 21,00). De nuevo podrá decirse que la normativa vigente exige porcentajes muy altos de voto, pero nadie puede negar que algo tan sencillo como ampliar el horario electoral repercutiría positivamente en el número de votantes y en la representatividad de los candidatos elegidos. ¿Por qué no se amplía?
Si los medios puestos al servicio de un objetivo reflejan la importancia que le concedemos y el esfuerzo que estamos dispuestos a hacer para conseguirlo, los horarios de votación de las últimas elecciones a Consejos Escolares no muestran mucho de lo uno ni de lo otro: cinco horas en Infantil y Primaria y en torno a tres en los Institutos. Podíamos votar por correo, es cierto, pero cuando elegimos el modelo de jornada había colegios que recogían el voto en Correos y pagaban los costes; ahora, el padre o la madre que han utilizado este sistema han tenido que estar pendientes de los plazos y, por supuesto, correr con los gastos.
Luis Veiga, profesor con 39 años de experiencia en un colegio de la periferia de Madrid, piensa que la participación de las familias es un elemento básico en la escuela, «pero para que funcione, los padres tienen que ser bien recibidos» (El País, 10 de marzo de 2008). Generalmente lo son cuando acuden a preparar bocadillos para la fiesta de Navidad o a hacerse cargo de las actividades extraescolares. ¿Lo son cuando desean intervenir «en el control y gestión de los centros sostenidos con fondos públicos» (art. 27 de la Constitución)? Sin restar importancia a lo primero, el 26 de noviembre estábamos convocados para lo segundo.
Vaya desde aquí nuestra enhorabuena a todos los candidatos que han decidido colaborar con su centro en conseguir una educación de calidad, y han sido finalmente elegidos. Y gracias, por supuesto, a todos los padres y madres que han acudido a votar para respaldar esa decisión.