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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 24 mayo 2012

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Santa Marina engrosa la lista de una veintena de pueblos de La Rioja que se abastecen exclusivamente con energía solar
23.11.08 -

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La fuerza del sol
Varios vecinos muestran algunas de las placas fotovoltaicas que cubren los tejados de sus casas. /L.R.
La singularidad de Santa Marina reside, entre otros encantos, en los tejados. Las cubiertas de las casas de esta aldea de Santa Engracia del Jubera se distinguen tradicionalmente por reforzarse con lajas de pizarra y, desde hace alrededor de dos décadas, por acoger paneles solares que les proveen de energía eléctrica.
Así, esta pedanía de apenas 7 habitantes engrosa la lista de una veintena de núcleos poblacionales y varias ermitas de La Rioja que se abastecen exclusivamente con la energía que reciben del sol. Hace cerca de veinte años, el departamento de Industria del Gobierno riojano desarrolló una norma pionera a nivel nacional para situar placas fotovoltaicas en aquellos núcleos semidespoblados o con riesgo de perder a todos sus habitantes, de forma que sus vecinos no se marcharan, dado que la aproximación de las líneas eléctricas convencionales resultaba muy costosa por la orografía y los bajos consumos que se producían. «El Ejecutivo tuvo muchísima visión de futuro», valora Raúl Sáenz, de la empresa de energías renovables Aresol, la primera en la región en colocar estos dispositivos.
Mismas comodidades
Gracias a esta tecnología, los habitantes de Santa Marina pueden disfrutar de las mismas comodidades que en pueblos más grandes. Los residentes permanentes disponen de 10 a 12 paneles -en función de sus necesidades-, que les permiten contar con entre 700 y 1.000 watios que unos inversores transforman en 220 voltios de corriente alterna que se acumula en baterías con una autonomía para 5 días. Esta energía les dota de luz y electricidad para los electrodomésticos y alimenta las calderas de gasoil de la calefacción.
También el alumbrado público recurre a estas instalaciones. «Existen dos sistemas: colocar placas sobre las farolas o centralizar la producción en un punto y, mediante un cable, distribuir la energía a los distintos puntos de luz», explica Sáenz. De este modo, éstos últimos cables son los únicos que se observan, porque la aldea está libre de tendidos de casa a casa. Este sistema busca la autosuficiencia y una alta eficiencia energética gracias a la colocación de elementos que aseguran el bajo consumo. «Además, la gente acostumbra a buscar el ahorro de energía, para lo que sólo enciende la luz cuando la necesita, como se hacía antes», ejemplifica Sáenz.
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