Por lo visto, desde el Ayuntamiento se anuncia ahora que se quiere renovar el pavimento de la glorieta del Doctor Zubía, acertada denominación dada a un espacio que lo convirtió el ilustre logroñés en jardín botánico cuando fue director del instituto Sagasta. Si pudiera hablar el busto de bronce del científico logroñés, que está sobre un pedestal en uno de los jardines, al borde de la glorieta, obra de los escultores Dalmati y Narvaiza, colocado por el Colegio de Farmacéuticos de Logroño en 1974, probablemente echaría venablos ensartados pidiendo su traslado ante el penoso panorama que domina lo que fue un recoleto parque donde era frecuente la estancia de niños y mayores jugando o descansando disfrutado de la tupida sombra de los castaños.
Lo de renovar el pavimento, ciertamente molesto para transitar por él, especialmente para las mujeres calzadas con zapatos con tacones de aguja, no va a solucionar el auténtico problema de la céntrica plaza logroñesa. A la vista está que aun pavimentándola con losas de mármol de Carrara lo único que se lograría sería mejorar la estancia de sus actuales inquilinos. En consecuencia, el orden está primeramente en erradicar a los indigentes que campan por sus respetos y después pavimentar, remodelar, ajardinar...
La Glorieta tuvo antaño una vida bien distinta de la sordidez actual. Se recuerda la churrería de Samaniego: él friendo las roscas que iba formando con ayuda de un palo y Pascuala, su esposa, cortando con un cuchillo los crujientes trozos para servir en cucuruchos de papal, espolvoreándolos con azúcar. También el bar de Barajas situado frente al Círculo Logroñés, con amplia terraza veraniega. En el centro se colocaba en ocasiones un ring para ofrecer veladas de boxeo. Por su lona desfilaron los deportistas que se preparaban en el gimnasio de la calle Los Baños, entre los que recordamos a Morci, Minguéz, Valen. El Campuzo, Chato El Amarrador, Gironés, Izquierdo, Martínez, Capitán Veneno, Tito, Peiró y Ogueta, que fue después el preparador de los que se iban incorporando a este deporte de las doce cuerdas en el comentado gimnasio.
También la Glorieta fue el gran escenario de las marionetas de Maese Villarejo, haciendo las delicias de cientos de niños con las hazañas de Gorgorito. Y no digamos cuando llegaban los días de San Bernabé y San Mateo de casetas con atracciones propias de las ferias, muy concurridas dado el situarse en el centro de Logroño, las que se les llamaban de los chinos, que vendían sortijas expuestas entre serrín, la que vendía vino de Cariñena, las logroñesas del Acuario y del Gordito, las de tiro con perdigones para derribar el corcho que flotaba sobre un surtidor, la muy apreciada del señor Vila.
Alumnos del Sagasta
Otra estampa habitual en esta época del año era el ver corretear a los alumnos del instituto Sagasta en las horas de recreo formando batallas con las castañas que se desprendían de los árboles, que algunos recogían y ahuecaban para hacer calaveras. Hubo veranos en los que daba conciertos domingueros la banda municipal.
En fin, que había una actividad muy lejos de la situación actual, que empezó con la desaparición de la churrería y más tarde con la de los campos de juego de la petanca y para colmo de los urinarios cercanos que hubo en Avenida de la Paz, convertidos en un jardín. Si sólo se piensa en mejorar el pavimento, como se propone ahora en el Presupuesto participativo, sólo se habrá conseguido el gastar dinero inútilmente.