Aunque el curso universitario comenzó en octubre, los estudiantes riojanos celebraron ayer el comienzo extraoficial de las clases, con la llamada 'Apertura Paralela'. Este año, la festividad ha perdido fuelle durante el día para convertirse, casi exclusivamente, en una fiesta nocturna.
Si algún transeúnte habitual de la zona universitaria dio ayer una pequeña vuelta por el campus, seguramente no encontró demasiadas diferencias con una jornada normal de clase, es decir, muchos estudiantes con su mochila al hombro dispuestos a entrar en el aula. Y es que este año no había previstas actividades diurnas para la celebración de la 'Paralela'. Sólo un torneo de mus y dos o tres decenas de jóvenes ávidos de alcohol que querían ir practicando el levantamiento de vaso para la noche rompían la monotonía del campus.
El motivo principal de esta ausencia de actos reside, según la Comisión de Fiestas, en que este año el Consejo de Dirección de la Universidad no ha cedido terreno alguno para poder llevar a cabo la celebración de la 'Paralela'. Este hecho marca una diferencia con respecto a los dos años anteriores, en los que la UR sí que puso a disposición de los alumnos espacios para la celebración de esta fiesta universitaria.
Hace dos años, la 'Apertura Paralela' empezó a celebrarse también por la tarde. El primer año se ubicó en el edificio de Peritos y, aparte de la comida, hubo cata de vinos y el dinero recaudado se destinó a labores humanitarias. El año pasado se trasladó a Filologías, donde se montó una barra sin alcohol y algo de música. Este año, la celebración se quedó sólo en el mus.
Los estudiantes, ante la falta de actividades, mostraban posturas bastante encontradas. A algunos como Rubén no les importó demasiado la falta de actos por el día: «Personalmente, en la 'Paralela' sólo suelo salir por las noches, por lo que no me importa demasiado que el día sea tranquilo». Otros, sin embargo, hubiesen preferido que la fiesta hubiera comenzado con la luz del sol todavía presente. «A mí me hubiese encantado que la fiesta comenzara de día, así me hubiese podido quedar a comer con mis compañeros de clase en el campus», señaló Marcos.
Aunque durante el día no hubiese demasiado jolgorio, los jóvenes pudieron desquitarse, con creces, en la noche logroñesa. La calle Laurel, la Mayor, la Plaza del Mercado y las discotecas de la ciudad se convirtieron en los lugares de peregrinación de los estudiantes riojanos. Allí brindaron y celebraron juntos el 'verdadero' inicio del curso universitario porque, como dicen algunos, «hasta que no llega la 'Paralela' no hay que ponerse a estudiar en serio».