Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
El colorido de los trajes típicos, el rítmico tambor y la gaita alegre, el ir y venir de los danzadores, sus vueltas y saltos... forman un torbellino, un aire popular, un viento del pueblo que viene de antiguo y que va a seguir soplando.
El pueblo, el sustrato de la cultura popular, es lo que ha reivindicado siempre 'Contradanza'. Esta asociación folklórica que ahora cumple 25 años surgió precisamente «para volver a acercar el folklore a la gente de la calle», cuenta Teresa Zorzano.
El folklore, que no es otra cosa que la cultura típica de cada pueblo, se había alejado de sus orígenes, había subido a los escenarios y se había convertido en mera exaltación patriótica durante la dictadura franquista. Eran los tiempos de la Sección Femenina, coros y danzas cara al sol y brazo alzado. Con la transición política a la democracia, muchas iniciativas populares comenzaron a eclosionar en España, especialmente de carácter cultural. Del oscuro pasado de represión, a una primavera renacentista. Y no todo lo hacían los modernos de 'la movida', ni mucho menos. Estaban también, por ejemplo, quienes tenían gustos más tradicionales, pero tantas inquietudes o más por hacer algo. De aquella época datan algunos de los mejores grupos folklóricos de nuevo cuño. En La Rioja, un grupo de jóvenes «con una concepción diferente del folklore» formó 'Contradanza' en 1983.
«La idea se forjó en la calle, en la calle Laurel, para ser más exactos», recuerda Zorzano. Algunos miembros del Grupo de Logroño reunieron más gente y empezaron a trabajar, a bailar y enseñar. El nombre se inspiraba en las contradanzas -término que procede del inglés country dances-, que tanto proliferaron en el pasado en los pueblos riojanos.
Y también tenía una clara connotación política y de oposición a la corriente más oficial y rancia. «Era innegable la tendencia izquierdista de la mayoría de nosotros -reconoce-, éramos gente que estaba en los barrios, desde catequistas a miembros del Movimiento Comunista. Se nos catalogó de izquierdistas y lo éramos individualmente, pero siempre supimos dejar eso al margen cuando se trataba del grupo y nos mantuvimos independientes».
«Nuestra filosofía -insiste- era bajar el folklore a la calle en tiempos en los que eso no era algo habitual». Efectivamente, trabajaron en barrios logroñeses como San José y desarrollaron una importante labor de enseñanza y divulgación del folklore riojano. Todavía hoy siguen dando clases a niños y manteniendo viva la cantera de danzadores.
Recuperación de danzas
También fue importante su labor de investigación y recuperación de danzas que se habían dejado de bailar o se habían perdido por completo. En 1985 rescataron la danza de Torremuña haciendo investigación etnográfica. «Hacía muchos años que nadie la bailaba, pero había gente mayor que todavía se acordaba de las canciones. De las danzas no tanto y hubo que coreografiarla de nuevo».
Después se recuperaron las de Almarza (en 1987), Hormilleja y Tobía (93). En 1994 volvieron a coreografiar varias danzas de Viniegra de Arriba, «que ya ni las abuelas recordaban», a partir de unas viejas fotos, una partitura y su propia experiencia. En Villavelayo, en 1999, la historia fue parecida. Hoy todos esos pueblos pueden seguir bailando como antaño y en cada uno quedó un grupo de gente encargado de hacerlo.
'Contradanza' no se arroga ningún mérito; ellos lo hicieron con placer y orgullo. Pero sí echan en falta «un poco más de interés y apoyo por parte de las instituciones». «Ha habido épocas mejores para el folklore -asegura Teresa Zorzano-, pero yo creo que ahora está resurgiendo un poco. La Rioja tiene un rico patrimonio de danzas que si no se conserva se puede perder. Y al público le gusta, de eso no hay duda; lo que pasa es que hay que promocionarlo».
Han actuado en toda La Rioja, en media España, en la Expo de Sevilla y la Feria Internacional de Jaca. Con promoción o sin ella, 'Contradanza' seguirá adelante, seguirá bailando de plaza en plaza, de fiesta en fiesta. Igual que un viento, un viento del pueblo.