La meteorología se ha aliado este año contra los planes micológicos de la asociación 'Amigos de Ezcaray'. No llovió cuando debía hacerlo, en aras de una mayor floración de hongos y setas, y lo hizo ayer, a mares, para deslucimiento de las XVII Jornadas Micológicas.
Las intensas precipitaciones, enmarcadas en un día completamente invernal, con tres grados de temperatura, trastocó todos los planes de la asociación organizadora y echó por tierra muchas intenciones de quienes habían apuntado en su agenda el dejarse caer ayer por la villa. A resultas de la lluvia, debió suspenderse el hábitat y también la degustación de setas. No así la exposición central, que buscó cobijo en el polideportivo municipal, y los talleres y exposiciones infantiles de manualidades, que se celebraron al resguardo de unos soportales.
Pese a la que caía, fueron cientos las personas que acudieron a empaparse del ambiente setero que rezumaba el polideportivo municipal, donde, al contrario de lo que se pensaba en un principio, se exhibieron en torno a 310 especies diferentes. Un logro que iguala la variedad con la de la edición anterior, aunque más baja que la del 2006 (más de 400 variedades), año en el que las setas se subían a las botas de quienes las buscaban, de tantas que había.
Carmelo Úbeda, experto micólogo y habitual colaborador con las jornadas, indicó ayer que «es un número de especies fuera de serie. En otras exposiciones realizadas hasta ahora andaban en torno a las 180 o 200 como mucho, y que nosotros hayamos conseguido más de 300 es un logro tremendo». Úbeda lo atribuyó al gran esfuerzo de quienes estos días se han dedicado a peinar los montes. «Curiosamente, hemos cogido más en el valle que en ningún otro lado», añadió, augurando que «si no entra el hielo, va a haber una floración importante» en las próximas fechas. Este año, además, la exposición se ha nutrido de «unas 25 ó 30» especies nuevas, algo que «con las dificultades de este año, todavía es mucho más meritorio», indicó.
Afluencia de público
El numeroso público no paró de dar vueltas en torno a la exposición durante toda la mañana. La mayoría venía a ver y pasar el día; no pocos, a intentar aprender algo de este difícil mundo y, algunos, a que los expertos certificaran la certeza de la comestibilidad de hongos encontrados, antes de darse un homenaje con ellos.
Fue una auténtica lástima que el tiempo no acompañara, no sólo por la suspensión de la degustación, traducible en un gasto desembolsado y en unos ingresos perdidos, sino también por el esmerado hábitat que la 'Asociación sociocultural de Ezcaray' iba a montar: Un hayedo, con aves rapaces vivas, corrientes de agua... Una verdadera pena, pero la meteorología es lo único del programa que no se puede controlar.