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RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

Sociedad

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Los psicólogos hablan de la necesidad de asumir en el día en que los riojanos rindieron tributo a el dolor por la pérdida de un ser querido, los difuntos en los cementerios de la comunidad

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Ayer fue momento de recordar. De buscar en la memoria al ser querido que se fue, de recorrer camposantos, y de hablar de nuestros difuntos. Un ritual que en La Rioja se cumplió a rajatabla (el buen tiempo contribuyó a ello). El Día de Todos los Santos marcó un protocolo al que pocos fueron ajenos y que por unas horas convirtió a los cementerios no sólo en lugar de despedida, sino también de encuentro. « ¡A ver si no tardamos tanto tiempo en vernos!», fue una de las frases que se escucharon.
La muerte es una realidad a la que nadie es ajeno, pero que resulta difícil de asumir. «Perder a alguien querido es la experiencia más dura de la vida», afirman los psicólogos. Un proceso de interiorización que depende de cada persona. «No hay una regla fija. Al tratarse de una experiencia única, cada uno lo vive de forma diferente, dependiendo de muchos factores». Los expertos coinciden en este punto y hablan de que no hay que dejarse llevar por mensajes equívocos del tipo: «Ya tendrías que estar mejor». La lectura que realiza la psicóloga Magdalena Pérez es que «cada persona necesita su tiempo». «La muerte te cambia la vida, te encuentras con una experiencia que no has vivido. Tu mundo interno se destroza». Ante este escenario, el esfuerzo para recuperarse de este dolor es costoso, es lo que se conoce como duelo. Un proceso de tiempo en el que los afectados recorren varias etapas. Una primera de negación; una segunda de dar expresión a los sentimientos, «aquí se incluye el dolor, la rabia, la tristeza o la soledad»; en tercer lugar se produce un reajuste a un entorno en el que «el ser querido ya no está»; y por último es necesario «recolocar a la persona asunte. Aprender a olvidar recordándolo siempre».
Cuando las pérdidas son repentinas e inesperadas (accidentes de tráfico, el fallecimiento de un niño pequeño, suicidios...) el luto se puede prolongar en el tiempo y desencadenar en un duelo de riesgo. «No se deja fluir el dolor e incluso aparecen manifestaciones de problemas físicos. Aquí es necesario acudir a profesionales, ya que la pérdida resulta traumática», advierte Magdalena Pérez.
En el caso de la muerte de hijos, esta circunstancia tiene su repercusión en la relación. «El 70% de las parejas que pierde a un hijo se rompen, aunque sólo el 11% llega a divorciarse», afirma esta psicóloga. Los motivos son varios: «La dificultad para vivir el dolor juntos es uno de ellos, se asume de una manera diferente. En otros casos, cuando en la pareja ha habido problemas, éstos se multiplican y resulta muy difícil manejarlos», añade Pérez, que confirma que el 20% de los duelos «son complicados».
El patrón de comportamiento también varía dependiendo de si se trata de un hombre o una mujer. «Los dos sufren, pero canalizan de una forma diferente el dolor. Los varones tratan de paliar este sentimiento a través de la actividad. Las mujeres por el contrario, tienen una mayor tendencia a la manifestación emocional, rumian más las cosas, le dan más vueltas», afirma la psicóloga, quien subraya que hay casos en los que el dolor «resulta tan insoportable que se buscan vías para anestesiarlo, como el alcohol o las drogas, lo que se convierte en un camino peligroso».
«No se puede perder a alguien que se ha querido, sin experimentar dolor», concluye.
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