Los equipos de fútbol están formados por diferentes estamentos. Jugadores, cuerpo técnico y directiva son las tres bases sobre las que se genera cualquier club de balompié. Sin embargo, parece ser que, de un tiempo a esta parte, algunos dirigentes han detectado un cuarto estamento que quiere tomar parte del funcionamiento de los equipos: el de los padres.
«Estamos un poco preocupados porque la intromisión de algunos padres se está haciendo insoportable». Así se expresa el presidente del Valvanera, Salvador Royo, que se lamenta de la falta de respeto de esos padres hacia la labor de los entrenadores: «Muchos se dedican a desacreditar a los técnicos de la casa y a darles lecciones de cómo llevar el equipo».
El máximo dirigente del Valvanera cuenta anécdotas como la de padres que cuando su hijo no juega de titular, se dedican a animar al equipo contrario desde la grada y despreciar la labor del técnico: «No se pueden consentir estas actitudes», explica.
Además, Royo cree que muchos padres exigen demasiado a sus hijos en la práctica futbolística. «Les exigen cosas que ni en el colegio se las piden. Se creen que desde niños tienen que saber jugar con la izquierda o hacer regates como los futbolistas de Primera, y no es así». Para el presidente del Valvanera, la situación resulta bastante grave, e incluso, cree que puede generar consecuencias: «Los directivos nos estamos cansando y, en el momento en el que nosotros decidamos dejar esto, se acaba el fútbol».
Opiniones diversas
El punto de vista del presidente del Valvanera tiene sus seguidores y detractores entre los dirigentes de otros equipos riojanos. Algunos, como el presidente del Calasancio, Miguel Ángel Villaro, están de acuerdo con las afirmaciones de Royo. «Sí que habría que hacer algo para que los padres no se metieran en la labor de club, lo que ocurre es que no sé muy bien qué», dice. Para intentar buscar soluciones, Villaro apoya una reunión de los equipos para llegar a soluciones, «Sí que deberíamos juntarnos para hacer algo; igual tendríamos que prohibir a los padres estar en las bandas de los partidos».
En un término medio se encuentran otros directivos. Un ejemplo es el coordinador del Comillas, Miguel Ángel Caro, que está de acuerdo en algunos de los puntos expuestos por el presidente del Valvanera , pero difiere en los hechos que provocan estos problemas. «La actitud que tienen algunos padres es provocada por nosotros», dice. Según Caro, en cuanto un jugador destaca un poco, todos los equipos empiezan a llamarle y a intentar contactar con él para que se vaya a su equipo. «Eso provoca que los padres se crean que su hijo les va a sacar de pobres en el futuro y se les sube un poco a la cabeza», explica.
Otros mandatarios creen que el problema no es tan grave. Por ejemplo, Andrés Sarabia, presidente de la Oyonesa, cree que este tipo de problemas han existido siempre en el fútbol. «Siempre ha habido padres que se han creído que su hijo es el mejor», dice. En esta misma línea se encuentran otros presidentes, como el del Balsamaiso, Vidal Jiménez, que dice no haber detectado ninguna actitud negativa entre los padres de los jugadores de su equipo.
Luis Ángel Jodra, coordinador del Berceo, tampoco ha detectado problemas de este tipo en su club. Aún así, está de acuerdo en que «hay muchos padres que se creen que saben más de fútbol que el entrenador y desde la banda no paran de decirle lo que tiene que hacer».
Aunque no todos los dirigentes se ponen de acuerdo sobre estos problemas en lo que sí que convergen es en la idea de que los padres deben respetar al entrenador y al rival; y animar a sus hijos. Hacia ese objetivo es hacia el que se deben encaminar los esfuerzos de todos, para que el fútbol base siga siendo un deporte y no una lucha de egos por ver quién es el que más sabe de fútbol en un intento de hacer prevalecer su opinión sobre las de los demás.