Se cumplieron los rumores de los últimos días: el novelista francés Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940) fue galardonado este ayer con el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca, que ya barajó su nombre en ediciones anteriores, reconoce «la ruptura, la aventura poética y el éxtasis sensual» de un escritor que empezó a hacer sus primeros pinitos literarios a los siete años durante una travesía en barco a Nigeria. El jurado resaltó, además, su «capacidad para explorar la humanidad, dentro y fuera de la civilización dominante».
Le Clézio, de 68 años, recibirá el próximo 10 de diciembre un cheque de diez millones de coronas suecas (más de un millón de euros) en la solemne ceremonia de entrega de los Nobel. Una radio francesa le preguntaba ayer por qué escribe novelas. «Lo hago porque soy incapaz de escribir memorias; tengo reticencia a considerar que mi vida tenga algún interés». Se define como «una pequeña cosa que lee a Rousseau y que no ha entendido nada». La literatura le sirve, precisamente, para «expresar esa pequeñez».
Autor de culto, autor exquisito, viajero impenitente, está considerado por un sector de la crítica francófona como el mejor escritor vivo en lengua gala. Buen conocedor de las culturas de México, Panamá, África y Oceanía, sus dardos más envenenados los reserva siempre para la civilización urbanita y sus apetencias materialistas. En la década de los 70 convivió con indios de varias tribus de Panamá y México. La experiencia le marcó. «Cambió mi vida por completo: cambió mis ideas sobre el mundo del arte, mi manera de relacionarme con los demás, mi forma de comer, dormir, amar y hasta soñar», confesó en una entrevista al evocar aquellos años.
Dos etapas
Su vida ha sido -y sigue siendo- la de un nómada. Ayer se encontraba en París, el día antes estaba en Corea y hoy amanecerá en Canadá. Desde hace años reside Alburquerque (EE.UU) con su esposa y sus dos hijas, aunque pasa largas temporadas en Niza y París. Ha enseñado literatura en Bristol, Londres y Ais en Provence.
«Me identifico con la cultura francesa y su lengua, pero sólo en isla Maurico me siento en casa», afirmó ayer en una improvisada rueda de prensa celebrada en París y en la que respondió en tres idiomas: francés, inglés y español. «Siempre me ha gustado la cultura hispanoamericana, las culturas de México y Nuevo México», dijo en español. Su padre fue un cirujano británico. Su madre procedía de una familia bretona que emigró a las islas Mauricio en el siglo XVIII. Hizo el servicio militar como cooperante en Tailandia, pero fue expulsado por denunciar la prostitución infantil.
Feliz y «entusiasmado» por la concesión del Nobel, Le Clézio se refirió a la novela Los sertones, del brasileño Euclides da Cunha, como la que más le ha impresionado en toda su vida.
Actualmente, en la mesilla de noche, tiene los Escritos políticosdel anarquista sueco Stig Dagerman. Entre sus fuentes de inspiración mencionó «las muchas novelas leídas» y la «mezcla» de sus vivencias de infancia y de la época adulta. «Leer novelas ha supuesto, para mí, una buena manera de interrogar al mundo», afirmó.
Los especialistas señalan dos etapas en su obra. La primera, provocativa, levantisca, innovadora y experimentalista.
Luego vino un periodo más templado donde abundan los temas relacionados con la infancia y los viajes.