El 6 de diciembre de 1835 era enterrado en el cementerio de la parroquial de Santurce Ignacio Alonso de Cuevillas. Existen al menos dos versiones sobre la causa de su muerte: según unos, fue consecuencia de su edad; para otros, propiciada por una última herida de guerra. Una versión esta última que parece carecer de veracidad ya que, de así haber sido, Ignacio Alonso hubiera ocupado un puesto glorioso dentro del martirilogio del tradicionalismo español, casi a la altura del caudillo carlista Tomás Zumalacárregui, quien, por otra parte, había fallecido pocos meses antes en Cegama. Sin embargo, actualmente Cuevillas es una figura poco y mal conocida, a pesar de que, como a pocos, se le puede atribuir el título de guerrillero. Y es que si algo fue en su vida Cuevillas, fue precisamente eso: un guerrillero, «un luchador en más de cien combates» tal y como lo definió hace más de tres décadas Fermín de Soja y Lomba, su principal biógrafo hasta hoy.
Los orígenes de Ignacio Alonso no hay que buscarlos, sin embargo, en las tierras vizcaínas en las que reposan sus restos, sino en las riojanas. Tal y como consta en su partida de nacimiento, Ignacio Alonso Zapatero vino al mundo en Cervera de río Alhama el 1 de febrero de 1764. Poco más sabemos de sus primeras décadas de existencia hasta 1791, año en el que a la edad de veintisiete años inició su carrera de armas ingresando en el Resguardo con la categoría de dependiente montado. Dos años después fue trasladado a la Ronda de Santo Domingo de la Calzada, ciudad en la que ascendió a la categoría de teniente montado y cuyas tierras circundantes llegó a conocer bien, convirtiéndolas en el futuro en el escenario de muchas de sus acciones. Allí permaneció hasta 1801, cuando fue destinado a Lora para pasar en 1804 a Castro Urdiales como cabo principal de Ronda. Fue durante estos años en el Resguardo, donde Cuevillas aprendió a perseguir por terrenos agrestes y mal comunicados, a bandidos y contrabandistas. Un oficio este último que, según algunos autores, él mismo había desempeñado durante su juventud.
Estalla la guerra
Fue precisamente en esa villa cántabra donde le sorprendió la guerra contra el francés, un acontecimiento que marcó un antes y un después en su vida. Si hasta entonces Ignacio Alonso no había sido más que un insignificante militar, uno entre tantos, a partir de este momento su nombre fue bien conocido, despertando tanto el temor entre las tropas invasoras como la esperanza y la admiración entre aquellos que lucharon contra Napoleón y sus hombres.
La participación de Cuevillas en la contienda tuvo lugar desde los inicios de la revuelta contra los Bonaparte. Así lo parece indicar que en la temprana fecha de 23 de junio de 1808 fuese nombrado coronel de Guerrillas.
Una precocidad de la que hizo gala años después cuando, en una instancia que elevó al monarca Fernando VII, afirmaba lo siguiente: «...que fue el primero que en el año de 1808 formó el designio de levantar una guerrilla en La Rioja, Merindades de Castilla la Vieja y pueblos confinantes para hostilizar a las tropas francesas, llegando a organizar una guerrilla de tres mil hombres [...] con lo que logró distraer la atención de los enemigos y causarles notables daños, y a su imitación se fueron levantando otras muchas guerrillas por diversas partes de la Península».
A lo largo de los seis años de guerra contra el francés Ignacio Alonso participó en numerosas batallas y escaramuzas, muchas de ellas en tierras riojanas, en compañía de otros grandes guerrilleros como Porlier, Espoz y Mina o el cura Merino. A sus órdenes estuvieron además su primogénito, Ignacio Alonso Remur, militar de larga trayectoria conocido también como Cuevillas Hijo o Cuevillas Menor, o la que fuera su segunda esposa, Dominica Ruiz de Vallejo y Torre, quien en 1810 y recién desposada mató «por su mano» a tres franceses en una acción sobre Santo Domingo de la Calzada. Fue también la guerrilla de Cuevillas el bautismo para Martín Zurbano, otro de los grandes guerrilleros riojanos.
Una cojera y varios desencuentros con el militar liberal Tomás Renovales hicieron que en 1812 Ignacio Alonso, por aquel entonces comandante de Guerrillas y capitán de Húsares de Cantabria, pasase por orden gubernamental a la categoría de retirado, siendo recompensados sus servicios con el empleo de comandante general de los Resguardos de la provincia de Burgos.
Sin embargo, el cerverano Cuevillas no abandonó su vocación guerrera y continuo participando en varias refriegas en la provincia a su mando hasta el final de la contienda.