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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 2 octubre 2014

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Alrededor de 11.000 musulmanes residentes en La Rioja cumplen durante todo el mes de septiembre el ayuno que marca el Ramadán

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Purificación de cuerpo y alma
Los musulmanes se reúnen para rezar y compartir uno de los meses más importantes de su religión../I.A.
En La Rioja hay más de 11.000 musulmanes que conforman una comunidad heterogénea por su lengua, tradición y adhesión religiosa. Estas personas suponen más del 3% de la población total riojana y desde el 1 de septiembre viven días muy importantes para su religión: el mes del Ramadán. Un mes en el que el ayuno es obligatorio y que, según Zindine Dabbab, un musulmán afincado en Pradejón desde hace más de diez años, «se hace como solidaridad con los pobres del mundo que pasan muchos meses sin poder comer, y para purificar el cuerpo y el alma de los excesos del resto del año».
En Pradejón, una de las localidades con más alto porcentaje de musulmanes, la primera semana del Ramadán (la más dura para ellos) ha coincidido con las fiestas patronales de la localidad, un escollo aún más complicado de superar para los que durante todo este mes tienen prohibido comer, beber y mantener relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta de sol. «Incluso está prohibido mirar a las mujeres, y algunos lo cumplen a rajatabla, pero en este tipo de cosas cada vez hay más flexibilidad».
«El ayuno va desde las seis de la mañana hasta las 20.40 horas de la tarde, tras esas horas uno no puede atiborrarse, simplemente puede comer algo dulce y beber agua para hidratarse», explica Zindine. Un ayuno que deben cumplirlo los musulmanes adultos en buen estado de salud, es decir ancianos, mujeres embarazadas o incluso con la menstruación están libres de realizarlo.
Para él, como para muchos de sus compatriotas, el momento más duro del Ramadán son los tres primeros días, «luego el cuerpo se acostumbra a no comer y los veinte días siguientes pasan rápidos hasta que llegan los últimos días, que se hacen muy largos», relata Zindine. «El momento más duro es el del almuerzo, pero yo lo que peor llevo es no poder fumar», reconoce.
También asegura que realizar el Ramadán en cualquier país occidental es mucho más complicado que hacerlo en sus países de origen. «Allí no hay bares abiertos, nadie come y las horas de trabajo van en función del Ramadán. También es verdad que si allí un policía te ve incumplir el Ramadán, te caen seis meses de cárcel». Más complicado aún es este año para Zindine: «Que haya coincidido con fiestas ha sido muy duro».
Además del ayuno físico de alimentos, bebidas y relaciones carnales, todo musulmán tiene también la obligación de rezar durante este mes al menos cinco veces al día (5.50 de la mañana, 12.00 del mediodía, 5.30 de la tarde, 8.40 de la tarde y 9.40 de la noche). «Algunos incluso se pasan toda la noche leyendo el Corán y rezando», completa Zindine.
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