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RSS | ed. impresa | Regístrate | 6 julio 2009

Sociedad

SOCIEDAD

Hoy se celebra el Día Internacional de la Solidaridad con una mala noticia, el Banco Mundial estima que hay 400 millones más de pobres de lo que se creía
31.08.08 -

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La epidemia de la miseria
Los últimos datos indican que la solidaridad disminuye en tiempos de crisis. /DÍAZ URIEL
El Día Internacional de la Solidaridad llega hoy con malas noticias para los pobres: son más de los que se creía -1.400 millones en vez de 1.000 millones, según acaba de estimar el Banco Mundial-, y la cooperación del mundo rico, que se ha recortado en términos reales y sigue subordinada a sus intereses comerciales, se perfila aún más tacaña en plena psicosis de crisis económica. Justo la próxima semana hay otra oportunidad de rectificar esos males de fondo para desactivar la injusticia social, auténtica arma de destrucción masiva que, como advirtió esta semana la Organización Mundial de la Salud, «está matando gente a gran escala».
La capital de Ghana, Accra, acogerá del 2 al 4 de septiembre el Tercer Foro de Alto Nivel sobre Eficacia de la Ayuda, que reúne a gobiernos, agencias de cooperación y sociedad civil y que viene precedido de severas críticas no gubernamentales. «La ayuda al desarrollo no se debe medir por la cantidad enviada, sino por cómo transforma la vida de los pobres», han protestado las Iglesias africanas en un documento ecuménico que reclama, como subraya Cáritas, un «cambio urgente en la manera de gastar el dinero de la cooperación» para que reduzca de verdad la pobreza y refuerce la democracia, los derechos humanos, el medio ambiente y la igualdad mujer-hombre.
«Ayuda fantasma»
La ayuda mejoraría si los donantes consultaran a los beneficiarios y no les impusieran condiciones ventajosas (el 50% va ligada a asistencia técnica y venta de productos), insisten los líderes religiosos, preocupados también por «la progresiva militarización» de la misma y «la promoción de una cultura consumista a costa del desarrollo sostenible». El apoyo técnico, remachan, debería realizarse a demanda y aprovechar a especialistas locales para fortalecer las economías africanas. Pero, como ya recalcó desde ActionAid International la autora del informe 'Ayuda real 2', Romilly Greenhall, la cooperación sirve más «para llenar los bolsillos de los asesores occidentales» que para resolver la miseria. Baste recordar que cada experto extranjero cuesta al día el ingreso per cápita anual de los países más pobres.
Es lo que se llama «ayuda fantasma», agravada en muchos países receptores por una corrupción que beneficia a dirigentes políticos y económicos -demasiadas veces con la tolerancia o beneplácito de sus aliados del mundo rico- y que tiende a imponer 'soluciones del Norte' con frecuencia impracticables. Todo lo contrario de lo que exigen las Iglesias africanas para afrontar los problemas del continente, ya que apuestan por la «propiedad popular del proceso» y por las «soluciones africanas dirigidas por africanos».
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