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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 22 mayo 2012

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La última víctima de la violencia sexista recibió amenazas constantes de su ex-marido antes de ser asesinada, pero la familia nunca consideró que el hombre llegaría a cumplir sus macabras advertencias

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«Si no eres mía, no serás de nadie»
Las hijas de la pareja no podían ocultar su dolor y prorrumpieron en lágrimas durante la concentración en repulsa por el apuñalamiento celebrada el pasado lunes en Yagüe. / J. RODRÍGUEZ
Treinta y un años de relación sentimental acabaron en la noche del pasado domingo con el asesinato de Tanta a manos de su reciente ex-marido, Marin, y el suicidio de éste, en la calle avenida de Burgos del barrio de Yagüe.
Un dramático final para esta pareja de ciudadanos rumanos, que había construido una vida en común durante décadas y de cuyo vínculo nacieron dos hijas, que rondan la veintena. «Tenían discusiones, pero las típicas de cualquier matrimonio», señalaba ayer su hija Valentina en el tanatorio San José, de Logroño, donde velaba el cuerpo de sus padres. Sin embargo, estos encontronazos comenzaron a ir a más hace varios meses, coincidiendo con la separación de los cónyuges el pasado marzo. «Intimidaba a mi madre diciéndole que si no era de él, no sería de nadie». Y tristemente, Marin llevó a término su amenaza.
«Nunca pensamos que sería capaz de matarla», aseguraba la hija; por lo que la familia retiró la denuncia que pesaba contra el padre por malos tratos y prefirió que los juzgados le impusieran una orden de destierro de la comunidad, que permanecería en vigor hasta el 2014.
Lo creían lejos de su madre, trabajando en Madrid; por lo que no consideraron un peligro incipiente las pintadas procaces que aparecieron un día antes del suceso en el exterior del bar Juncal que regentaban la víctima y Valentina, ni las constantes llamadas y mensajes amenazadores que recibió Tanta durante sus últimos días con vida.
«Se volvió loco y acabó con ella», sostenía ayer Graciela, de la Asociación de Rumanos en La Rioja. Mientras, con indignación y rabia, los yernos de la última víctima de la violencia machista, Christian y Andrés, clamaban que «esto no tenía que haber pasado».
Y es que Tanta era una mujer dulce, amable y muy trabajadora, que «vivía por y para sus hijas». «Todo lo que tenía se lo daba a ellas. Le gustaba regalarles cosas, aunque para ella nunca se comprase nada. Era una excelente persona y no es justo lo que le ha ocurrido», lamentaba una antigua compañera durante su paso por el bar El Rey del Jamón, donde había trabajado anteriormente.
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