Que los menores en situación de exclusión también disfruten de sus vacaciones de verano. Ése es el objetivo que persigue el campamento urbano para niños inmigrantes que han organizado por tercer año consecutivo la Parroquia San Ignacio de Loyola, Cáritas y Fundarco. «Los chavales españoles tienen un montón de posibilidades para el verano: granjas escuela, campamentos o cursos en el extranjero. Unas experiencias que no están al alcance de estos chicos», argumenta José Luis Pinilla, responsable de los proyectos de integración de Cáritas y párroco de San Ignacio de Loyola.
Las instalaciones de esta parroquia logroñesa acogen desde el 1 de julio a los 30 participantes de este campamento urbano, con colores de piel, religiones y procedencias muy diversas, desde Pakistán a Paraguay pasando por Costa de Marfil. «Los primeros días los dedicamos a juegos que les permitan conocer sus nombres y culturas», explica Alfredo, el coordinador de este peculiar campamento, que además de ofrecer una alternativa para el verano a los hijos de familias sin recursos, pretende facilitar la convivencia e integración entre distintas nacionalidades de inmigrantes. «Tratamos de romper los grupos que suelen formar los chavales de un mismo país, algo frecuente entre los pakistaníes, porque lo que queremos es que se mezclen entre ellos», señala Alfredo.
Las actividades del campamento son tan diversas como sus participantes: cine, competiciones deportivas, manualidades, cocina -ya han hecho pizza y pinchos de fruta- y cursos de internet en la «ciberteca para excluidos» que tiene la parroquia. «Aprovechamos el verano para romper la brecha digital que hay entre estos chavales y sus compañeros españoles», explica el párroco, José Luis Pinilla. Otra de las actividades del campamento son las excursiones que los chavales hacen una vez a la semana a algún lugar turístico de Logroño o a alguna localidad próxima, donde aprovechan el día para ir a la piscina y compartir sus actividades con los niños de la localidad.
El coste de este proyecto asciende a 2.000 euros, que aportan Jesuitas, Cáritas y Fundarco. La colaboración entre esta agencia del Gobierno regional y la parroquia San Ignacio de Loyola va más allá de este campamento de verano. Durante todo el año, el templo gestiona una de las cibertecas de Fundarco, que se destina a cursos de informática para inmigrantes, parados y personas mayores.
En el futuro, la parroquia pretende ampliar el campamento de verano a jóvenes españoles en situación de exclusión y realizar una experiencia similar durante Semana Santa, tal y como ya se hace en Navidades, para atender a los hijos de familias inmigrantes mientras los padres trabajan. «Queremos que la nuestra sea una parroquia sin fronteras», resume Pinilla.