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RSS | ed. impresa | Regístrate | 28 agosto 2008

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Las mariquitas han proliferado en el inicio del verano ante la abundancia de pulgón, uno de sus manjares favoritos

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Ahí viene la plaga
Pueden verlas entre los adoquines de la Plaza del Mercado de Logroño; o buscarlas en algún parterre de Alfaro. Luciendo su característico estampado de fondo anaranjado y puntos negros, las mariquitas han hecho de la capital riojana, los pueblos de la sierra Cebollera y distintos puntos de La Rioja Alta y el valle del Ebro su destino vacacional. Hay quien lo achaca al uso exagerado de productos químicos y quienes aseguran que han sido «los ecologistas» los culpables de esta sobrepoblación. Pero ninguno de ellos parece que ha acertado porque la causa procede de la misma naturaleza.
Como explica el biólogo y experto de la Consejería de Medio Ambiente, Carlos Zaldívar, lejos de tratarse de una intervención directa del ser humano, la aparición de estos bichos «forma parte del mismo ciclo biológico, porque coinciden una serie de características que tienen que ver con la climatología». Es decir, la tardía primavera de este atípico 2008 apareció, con su secuela de lluvias y poco frío. Ese cóctel de buena temperatura y humedad excesiva terminó favoreciendo, en primer lugar, el aumento de las poblaciones de pulgones y más adelante, de sus depredadores primarios: las mariquitas. Zaldívar confirma que en La Rioja «no hay criaderos de mariquitas, ni de culebras, ni de ratoncillos». «Nadie las ha echado al campo, ni mucho menos en helicóptero, como he llegado a escuchar en alguna leyenda urbana», advierte. Por suerte, estos simpáticos bichos (clasificados en agricultura como 'fauna útil o auxiliar'), hacen más bien que mal, porque ayudan al control biológico de determinadas plagas, como el citado pulgón.
En 'biofábrica'
Tan benéficas resultan que, según afirma Ignacio Pérez Moreno, director del Departamento de Agricultura de la Universidad de La Rioja, «hay algunas mariquitas que, de hecho, están comercializadas en 'biofábricas' dedicadas a su cría y venta».
Sin embargo, las que vemos estos días, que reciben el nombre de mariquita de siete puntos, son una especie natural que no pasa por ningún criadero. No hay de qué preocuparse. Proliferan pero son inofensivas, como saben bien los niños que han empezado a coleccionarlas y los dueños de algunos bares de Logroño, que las regalan. En este último caso son de chocolate, claro.
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