El número 12 del Club Deportivo Logroñés. A Andrés Justo Ligero, Taburete, el gusto por el fútbol le venía desde pequeño. En los últimos años, sobre todo en los de mayor gloria del Club Deportivo Logroñés, Tabu, como le llamaba todo el mundo, era un habitual de Las Gaunas. De la vieja y de la nueva. Que viera el partido era otro cantar. Posiblemente, nadie le sacó más partido a una camiseta de Logroñés. Con el número 12 a la espalda. El de la afición. Su último modelo, con el que aparece apoyado en la barandilla del Municipal, corresponde a la campaña 1998/1999, en la que el Logroñés jugaba en Segunda División. Vivió la gloria y también el ocaso. A su manera, pero la vivió.
De joven, fue jugador de fútbol. Le gustaba el deporte. Dicen quienes le conocieron que también hizo sus pinitos con el silbato. De su padre heredó la afición por las plantas medicinales y no era extraño verle recogiéndolas por las cercanías de la ciudad con el fin de venderlas y sacarse unas pesetillas para sus vicios.
Después de su paso por el cuerpo de paracaidistas regresó a Logroño. Con el paso de los años era un habitual de Las Gaunas. No se podía entender, prácticamente, un partido del Logroñés sin Tabu paseando por los aledaños, saludando... Siempre lograba su propósito: acceder a la grada sin pasar por taquilla. Cuando el Logroñés se ejercitaba en el viejo recinto, en sus años en Primera y en Segunda, pasaba muchas mañanas deambulando por las gradas o por las proximidades a los vestuarios. Era raro que acabase un partido y él no estuviera en la puerta esperando a los jugadores y dándoles unas palmaditas en la espalda. Y vivió los ascensos a Primera. Allí, junto al viejo autobús descapotable en el que el Logroñés recorrió la ciudad en 1996. No sólo caminaba a su lado, sino que incluso se atrevía a abrirle paso o a ejercer de maestro de ceremonias si se terciaba y si le dejaban.
El fútbol no era la única de sus aficiones. Cualquier actividad gastronómica, musical o festiva destacaba en su agenda. Gratis, por supuesto. Para él, todo era gratis. ¿Cómo se enteraba de todo? ¿Cómo era capaz de acudir aquí y allá? Los toros, otra forma de pasar las tardes de San Mateo. Ya cuando la procesión taurina enfilaba La Manzanera, primero, y de La Ribera, después, se vislumbraba su figura... con la camiseta del Logroñés, por supuesto.
Allí, junto a la puerta principal se plantaba. Cuando salía el primer toro al ruedo, Tabú ya estaba en la grada. Y de aquí, a las calles logroñesas. Quien más, quien menos le ha podido ver ordenar el tráfico en la confluencia entre Doce Ligero y Avenida de la Paz, en Pérez Galdós con República Argentina... República Argentina era una calle especial. Le llevaba hasta Las Gaunas... o le acercaba a la calle Laurel, donde confirmaba lo que cualquiera presentía: que era uno de los logroñés más populares. Tenía sus fans y también sus detractores. Porque este tipo de personajes no gusta a todo el mundo y muchos callaban cuando él andaba cerca. De una u otra forma, con Andrés Justo Ligero se va la camiseta número 12 más famosa de Logroño.