Serafín Abeytua, conocido popularmente como 'El gaitero de Albelda', falleció ayer a los 88 años tras toda una vida dedicada al folclore riojano. Junto a otros compañeros de generación, como Segundo Corral o Baldomero Tobía, Abeytua se convirtió en uno de los referentes de las festividades de los pueblos del Iregua y los Cameros.
Ataviado simplemente con chaqueta y corbata o bien con el traje regional, 'El gaitero de Albelda' ha sido pilar fundamental de millares de celebraciones. Además, la personalidad de Abeytua y su vocación pedagógica, han permitido que la gaita riojana viva uno de sus mejores momentos, después de pasar por estados delicados. Su mayor aportación, y su mayor orgullo, es que sus nietos también hayan mantenido la tradición de gaiteros.
«Siempre se ha ocupado mucho de los chavales y ha estado muy vinculado al pueblo. Primero, formando a los chicos, pero también haciendo cosas, como la banda de tambores para las procesiones», explica Amando González, alcalde de Albelda.
Y es que la vida de Serafín siempre ha sido la música. Junto a Nieves Sáinz de Aja, en el campo de la danza, Abeytua es el otro gran mantenedor de las costumbres populares riojanas. Su imagen en la ofrenda del primer mosto a la Virgen de Valvanera está tan unida a Logroño que incluso uno de los gigantes de la capital fue bautizado con su nombre: Serafín.
Entrega continua
Pese a su edad, Serafín Abeytua siempre se ha mantenido en activo. «Era una verdadera institución en el pueblo. Nunca ha dejado de interpretar música. En las pasadas fiestas de San Juan, en Clavijo, estuvo tocando, y creo que también bajó a las de San Marcial, de Lardero», asegura el alcalde albeldense. El presidente regional, Pedro Sanz, se ha sumado a las condolencias.
De aspecto formal y serio, «pero que escondía a una gran persona que le gustaba ir siempre con la verdad por delante», según González, Serafín será enterrado mañana en la localidad de Albelda, que estudia cómo homenajear al músico, que ya el pasado mes de abril leyó el pregón de las fiestas de San Prudencio. Seguro que no falta la música para el patriarca de una saga que, de momento, promete no agotarse.