Hace nada que ha terminado el proceso de oposiciones para profesores de enseñanza secundaria. De esto, todos hemos aprendido algo: los opositores y los miembros del tribunal. Ha sido enriquecedor.
Yo, además, he aprendido que en una oposición a la especialidad de Formación y Orientación Laboral (FOL) (módulo de Formación Profesional), hay que ser tradicional; sí, sí, tradicional... nada de nuevas tecnologías. ¡Ah! ¿Y para qué se dedica tanto esfuerzo en promocionarlas, en dotar a todas las aulas de FP de cañón y ordenador? Pues que se lo pregunten a los tribunales de FOL.
Cuento el caso: Yo he preparado las oposiciones durante meses y meses y he programado para alumnos de 1º de Aplicaciones de Sistemas Informáticos. La dotación de las aulas de estos ciclos en el I.E.S. Comercio es impresionante. Había que aprovecharla. Aprendí y preparé un blog de FOL, aprendí a preparar actividades, presentaciones, a descargarme vídeos, etc. La reacción de los alumnos, más que positiva. Conforme a esta experiencia preparé mis unidades de trabajo para la oposición. ¡Qué error!
Pues bien, llegó la hora de mi actuación ante el tribunal y aunque el centro (como todos) disponía de cañón en varias aulas, este recurso no se puso a mi disposición, aún solicitándolo.
De espaldas, en cuclillas, apoyando el codo como podía para manejar mi portátil, dando toda la vuelta a la mesa para acceder a mis documentos... me sentí vencida nada más comenzar..
Otros tribunales de otras especialidades (incluso las asociadas a la ESO) pusieron a disposición del opositor un ordenador y un cañón, encendidos y hasta bajadas las persianitas. Otros tribunales han puesto notas más altas (no entiendo la necesidad de hundir en la miseria a tus compañeros, actuales y futuros). En otros, la coordinación ha existido, aún suponiendo tiempo y trabajo (las diferencias entre notas han causado agravios comparativos que han determinado graves desigualdades a la hora de acceder a plazas e interinidades). Para mí, vuestra actuación no se merece de nota, ¡ni un 3,4!
Pensaréis que no sé de qué hablo, que no sé lo duro que ha sido para vosotros, que consensuar criterios entre tres tribunales es difícil. Pero bueno, me concedo calificar libremente sobre lo que no entiendo. ¡Lo único que me queda es la libertad de expresión! La dignidad como docente experimentada, mi orgullo y mi autoestima están por ahí perdidos.