
«El kickboxing siempre me lo he tomado como un hobby».Con una filosofía tan aparentemente sencilla es cómo Sheila se enfrenta a su día a día. «Empecé a practicarlo en el colegio desde pequeña y poco a poco me fue gustando cada vez más, aunque es algo que no me viene de familia».
Además del kickboxing y su trabajo en la ARPS, ella es una chica muy corriente a la que le gusta salir con sus amigas (cuando puede), le encanta pintar y por último, es la coordinadora de la banda de la cofradía.
La preparación es algo fundamental, como en cualquier deporte. «Cuando estoy inmersa en una competición entreno un par de horas diarias. Si no, lo hago día sí, día no para evitar saturarme». La modalidad en la que ella compite hace que tenga que prepararse específicamente «en comba y en rapidez».
Dúo perfecto
La riojana se deshace en elogios hacia su preparador, Julián Varas. «Mi maestro consigue sacar de cada uno lo mejor. Puede que no sepa tanto como los actuales preparadores físicos, pero en su campo es el que más sabe. No le cambio por nada del mundo y sé que sin él no hubiera llegado donde he llegado». En el plano del combate, recalca que él es como si fuera su cabeza, la voz que le dice lo que tiene que hacer y qué movimientos ha de realizar. «Tengo en él plena confianza», afirma de manera rotunda.
En cuanto a la relación con sus contrincantes, señala que hay de todo. «Hay muchas envidias y muchos admiradores. La verdad es que yo no me puedo quejar porque la relación con los demás es bastante buena. Incluso he llegado a tener compañeras que se han bajado de categoría sólo para poder decir que habían luchado contra mí, lo cual me supone un gran orgullo». Destaca a su vez que no le gusta competir contra amigas o gente que conoce.
No da lugar a ninguna duda cuando le preguntamos si su familia le había apoyado en la práctica del kickboxing. «Mi familia me ha apoyado en todo en mi vida. Desde el primer día han venido a cada entrenamiento y no hay competición en la que no estén. Mi familia, mi entrenador, mis amigas y los chavales a los que cuido en la ARPS lo son todo para mí, así que les doy las gracias a todos ellos por animarme y por estar a mi lado».
Recuerda con gran añoranza sus sentimientos al proclamarse campeona del mundo. «Es algo que no se puede explicar, tienes que sentirlo. Te das cuenta de lo orgulloso que está tu gente de ti y como si todo pasara a la vez, no quieres que se acabe nunca, pero deseas que finalice para ir corriendo a abrazarles».
En cuanto a los retos para el futuro, se plantea seguir cumpliendo sueños e ir complementando su formación para conseguir mayores logros.
Cambiando de tema, ella considera que el kickboxing es un deporte que está en auge y que está de moda. «Ahora mismo, es una disciplina muy seguida, en el que el nivel de participación de mujeres y hombres se ha igualado, aunque el sector más duro es algo reservado para el ámbito masculino porque ahí no luchan las mujeres. Éstas se sienten más seguras por la sensación de poder defenderse».
A su vez, recomienda a todo el mundo conocer el kickboxing. «Éste es un deporte que no es violento, ya que salvo una vez, nunca me han pegado un mal golpe. Creo que ningún deporte tiene el respeto que tienen las artes marciales. Hay que ver a algún futbolista faltándole al árbitro, al entrenador o a un compañero. En el deporte que yo practico el respeto es algo sagrado. Y es que si el padre de un luchador insulta al árbitro, el propio luchador o su equipo es eliminado».
A pesar de los éxitos deportivos conseguidos por las mujeres, declara que éstos no son tan valorados como pueden serlo los de los hombres. «Parece que hoy sólo hay deportistas hombres. Yo soy triple campeona del mundo y si esto lo hubiera conseguido un hombre, otro gallo habría cantado. Te puedo asegurar que nos requiere el mismo esfuerzo que los chicos, o más incluso».
Sobre un tema controvertido como es el dopaje, señala de manera clara que un deportista que se dopa no es un deportista, ya que se está engañando a sí mismo. Reconoce que tiene tres controles al año «Siempre he dicho que hasta donde llegue, llegue. Pero sí que tengo muy claro que no voy a hacer algo que infrinja las normas o que me haga ser otra persona que no soy yo. Hay que valorar las metas fijadas».





