I LILIÁN AGUIRRE I PERIODISTA Y AUTORA DE LA NOVELA 'HERIDAS EN LA SOMBRA'

LA NOVELA
Natural de Madrid, ha guardado desde siempre gran relación con La Rioja, donde nació su padre, donde todavía vive buena parte de su familia y donde pasó muchos veranos de infancia y juventud. Fue precisamente en Logroño donde se ennovió con un agente de la Benemérita y donde comenzó a interiorizar que «somos muchas las víctimas que han sufrido en silencio la lucha contraterrorista».
-¿Por qué escribe este libro dos décadas después de que comenzara tu experiencia?
-Fundamentalmente, porque mientras estaba viviendo la experiencia, mientras mi marido se jugaba la vida en el País Vasco e iba y volvía desde Madrid y yo me quedaba sola, pendiente del teléfono, de la radio, de la tele... me encontraba inmersa en esa vida y no consideré en ningún momento que mis vivencias pudieran ser el argumento de una novela. Fue después, cuando él dejó de trabajar «en la calle», cuando yo comencé a vivir más tranquila, cuando empecé a hacer sutiles comentarios sobre su trabajo con algún amigo o compañero, cuando me di cuenta de que la sociedad en general no tenía ni idea de lo que era la lucha contraterrorista. Entonces empecé a madurar la idea. Por otra parte, la distancia en el tiempo me hizo ver las cosas desde otro prisma, me hizo darme cuenta de que lo que me había pasado (a mí y a tantas otras personas) no era normal. Comprendí que yo había aceptado como normal un sufrimiento que era anormal, injusto... y, sobre todo, vi claramente hasta qué punto habíamos pasado esos horribles momentos solos, sin apoyos de ningún tipo, con la más absoluta de las incomprensiones por parte de la sociedad. Además, nunca he querido interferir en el trabajo de mi marido y, mucho menos, perjudicar las investigaciones de cualquier Fuerza de Seguridad. De hecho, nunca he trabajado en información sobre terrorismo en ningún medio. Los hechos que relato en mi novela sucedieron hace muchos años y pienso que en este momento se puede hablar de ellos sin problema.
-¿Por qué a través de la ficción de una novela?
-No lo pensé demasiado, la verdad. Se me ocurrió escribirlo en ese formato y así lo hice. Tuve la sensación de tener más libertad. No obstante, lo que tengo claro es que tanto la historia en sí como el hecho de contarla a través de una novela es algo que no se había hecho hasta ahora. Se ha escrito mucho sobre ETA, pero nunca desde la perspectiva de lo que yo llamo «las otras víctimas» (las que siguen vivas y no tienen heridas de metralla) y nunca se había escrito una novela. Pensé que quizá hubiera ya en el mercado demasiados relatos de hechos reales, sin más. La novela da pie a contar hechos y describir sensaciones y sentimientos, lo cual es fundamental para que el público entienda mi historia.
El episodio de los GAL
-¿Se puede contar todo lo que ocurrió durante aquellos años en materia antiterrorista?
-Siempre hay cosas que no se pueden contar. Me refiero a las técnicas de trabajo, de investigación, por ejemplo. Por lo demás, si en su pregunta se refiere al negro episodio de los GAL, supongo que se contó todo y fueron encarceladas algunas personas y, creo que las sentencias fueron lo que se llama «ejemplarizantes». Quizá en otro momento o si no hubieran sido miembros de las Fuerzas de Seguridad y políticos las sentencias habrían sido más suaves. En general, creo que no debe quedar mucho por contar. Si hubiera más cosas «oscuras» por ahí quizá ETA no existiría. De hecho, la escrupulosa manera de respetar la legalidad de los miembros de las Fuerzas de Seguridad y el empeño garantista de muchos jueces son algunas de las cosas que impiden acabar definitivamente con los asesinos.
-¿Qué diferencia aprecia entre el terrorismo de los años 80 y el actual?
-El terrorismo es terrorismo siempre y los etarras eran, son y serán asesinos. En los 80 eran varios los asesinatos cada semana y ahora hay menos muertos, menos heridos... Evidentemente, el incremento de recursos por parte del Ministerio del Interior, la colaboración de Francia y otros factores han conseguido que hoy corra menos sangre que hace 20 años. Pero no hay que equivocarse. ETA sigue existiendo, tiene su infraestructura, la extorsión les proporciona recursos económicos y una parte de la sociedad vasca, alentada por determinados políticos, les proporciona el caldo de cultivo ideal para que los jóvenes vascos se alisten en la «familia» mafiosa.
-¿Cómo quedan reflejadas Logroño y La Rioja en su novela?
-Logroño es mi otra patria chica. Nací en Madrid pero toda mi familia paterna está en Logroño y en esta ciudad pasé buena parte de mi infancia y mi adolescencia. En Logroño conocí a mi marido, pues en esta ciudad entrenan lo que entonces se llamaban Grupos Antiterroristas Rurales (GAR) y allí discurrió la mayor parte de nuestro noviazgo. Todo eso se cuenta en la novela, una obra en la que muchos riojanos se verán reflejados porque son muchos los guardias civiles que viven aquí y muchas chicas las que, como yo, se enamoraron de uno de estos jóvenes y han vivido experiencias muy parecidas a la mía y han visto morir amigos y conocidos.





