
Jesús Caldera, coordinador del documento estratégico del PSOE para este su congreso. /EFE
España no estaba preparada
Los dirigentes socialistas decidieron ya hace unos meses, cuando redactaron el programa electoral para las generales de marzo, que España no estaba preparada para el debate de la eutanasia.
Ahora, en su nuevo cónclave, intentarán acallar las voces de los más reivindicativos con el compromiso de convertir en ley el derecho a la "plena dignidad en el proceso de la muerte" y de promover el respeto al testamento vital, ya reconocido en la mayoría de las comunidades autónomas.
Tampoco se romperán los acuerdos con la Santa Sede, ni se cederá el paso a propuestas que contradigan la promesa de limitarse a abrir una "reflexión" sobre la modificación de la ley del aborto para garantizar la "equidad en el acceso y la calidad" de la prestación sanitaria.
Pese a que el XXXVII
cónclave socialista se celebra en el Palacio de Congresos de Madrid bajo el lema 'La fuerza del cambio', la dirección socialista ha ofrecido alternativas descafeinadas a las enmiendas sobre laicidad, eutanasia y aborto. Así, pretende aplacar los anhelos de los miembros más progresistas para garantizar un cónclave tranquilo.
La ponencia marco que se ha redactado es "deliberadamente abierta" y, sin embargo, desde dentro del partido se reconoce que peca de atonía y que la abrumadora cifra de enmiendas con la que respondieron las federaciones, casi el triple que en el cónclave de 2004, no obedece sólo al afán de participación de la militancia. Está también ligado a la ausencia de asuntos que las bases socialistas consideran clave y contienen un sesgo ideológico claramente progresista: la laicidad, la eutanasia y el aborto.
El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, admite que que todas esas cuestiones, obviadas en el documento estratégico coordinado por Jesús Caldera, son "objeto de preocupación de la sociedad española". Ahora bien, también ha dejado claro que en ningún caso se irá tan lejos como pretendían los enmendantes más radicales.
"No es una cuestión de izquierda o derecha -justifica uno de los principales ponentes en el Congreso -, los militantes siempre suelen ser más utópicos o menos realistas en sus planteamientos políticos que quien ejerce la función de gobierno".
Expertos en limar asperezas
La dirección del partido trata de mitigar las aristas del debate a través de enmiendas transaccionales morigeradas que ya han puesto en circulación. Blanco ha encargado a hombres experimentados y respeados la tarea de aplacar las cuestiones más espinosas: por ejemplo el andaluz José Antonio Griñán, responsable del bloque económico; el vasco Ramón Jáuregui, encargado de salvar las relaciones Estado-Iglesia; y el valenciano Enrique Guerrero, muñidor de la ponencia sobre cambio climático.
Además, la dirección cuenta con que sus alternativas salgan adelante sin mayor problema. Son las ventajas de tener un partido pacificado.