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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 octubre 2008

Cultura

CULTURA

Ibercaja y la Fundación Beatriz Arbelo promueven una exposición póstuma de 'Grabados riojanos' de la artista procedente de Torrecilla
04.07.08 -

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Pintura y tierra
Sanz y Ceniceros, con Alegre acudieron a la inauguración. / GOBIERNO DE LA RIOJA
«Las dos pasiones de Beatriz Arbelo, la pintura y la tierra, se funden en sus lienzos. Esta madrileña de raíces riojanas, enamorada del monte y de las brumas, nos transmite en su obra la fuerza del sentimiento por la tierra de sus antepasados. Sus cuadros ( ) nos ofrecen una visión íntima de los paisajes que recrea y captura, a través de pinceladas de color, retazos de paisajes de gran fuerza expresiva».

Una de las últimas exposiciones en España de Beatriz Arbelo (Madrid, 1951-Logroño, 2007) tuvo lugar en noviembre del 2005 en el Ayuntamiento de la capital riojana a beneficio de la Asociación contra el Cáncer (y el texto anterior corresponde a la crítica que se publicó en su día). El tiempo y el destino han pasado de la forma más irremediable; Beatriz Arbelo falleció poco más de un año después. Pero hoy su obra vuelve a exponerse en Logroño. 'Grabados riojanos', una colección de treinta paisajes y bodegones pertenecientes a la familia de la artista, puede verse hasta el 23 de julio en la Sala Ibercaja La Rioja.

La muestra, que ha sido organizada por la Fundación Beatriz Arbelo, creada el verano pasado en Torrecilla, y el Centro Cultural Ibercaja, es la primera exposición temática de la pintora tras su muerte, la segunda tras la de contenidos generales que se celebró en Madrid en enero del 2007.

«Casi todo gira alrededor de Torrecilla y su entorno paisajístico, la sierra, que es preciosa, Tómalos, El Rasillo... Es todo un poco de sentimiento porque tengo un cariño enorme a Torrecilla. Además, he plasmado los Cameros en todos sus estados».

Estas palabras con que la propia Beatriz Arbelo comentaba otra exposición anterior en Torrecilla (en el 2004) siguen vigentes para la presente, si bien en esta ocasión se trata exclusivamente de grabados. «En efecto -señala Sibely Valle, que ha estudiado en profundidad su trayectoria-, en esta inédita muestra se unen la técnica quizás predilecta de la artista, o al menos a la que más se estaba dedicando en su última época, y su gran debilidad por La Rioja».

Campos, montes, frutos, botellas Por encima de los motivos formales de estos grabados sobrevuela la mirada, la mano, la sensibilidad, el alma de una artista que antepuso el amor y la belleza, la pintura y la tierra. Detrás de esas brumas sigue estando Beatriz Arbelo.

Una artista cuyo legado no salió sólo de sus manos, sino que continúa fluyendo a través de sus seres queridos: su familia, su marido, José Antonio Carro, impulsor y presidente de la fundación que lleva su nombre y que, tras un primer ejercicio didáctico el verano pasado, desarrollará a partir del 24 de julio un extraordinario Simposio Internacional de Arte Contemporáneo.
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