
-¿Qué balance personal hace de ese primer año de mandato tras las últimas elecciones?
-Pudiera parecer que, tras cuatro legislaturas con mayoría absoluta, este año sería uno más. Al contrario: ha sido un año cargado de entusiasmo e intensidad. La labor ha estado centrada en la culminación de compromisos que venían de atrás en materia de reducción de impuestos, infraestructuras sanitarias, I+D+i, gratuidad también en los retornos en la AP-68 y uno especialmente destacado: conseguir que Electrolux se llamara Solaria. Quizás los riojanos no son conscientes del calvario que un Gobierno y este presidente sufre frente a todas esas manifestaciones e insultos por un reto difícil y complicado como éste. Alguno podría pensar que podría haberme callado y no hacer nada, como pasó en Andalucía con la marcha de Delphi, pero entiendo que retos como éste forman parte de la responsabilidad que uno debe asumir.
-Sin embargo, la instalación de Solaria deja afectada su credibilidad en tanto que el plan es menos ambicioso que lo anunciado por usted mismo en un principio.
-En esta región he vivido momentos trascendentales frenando la marcha que planteó hace años Electrolux y consiguiendo traer a Heinz a Alfaro. Devaluar ahora el proyecto de Solaria supone no ver lo que representa para La Rioja. Aporta diferenciación, modernidad, investigación... Solaria está arrancado, pero el límite es impredecible y sus promotores actúan con muchísima prudencia. Estoy seguro de que los 700 empleos que plantearon inicialmente se multiplicarán a medio plazo.
-Insiste en que La Rioja está mejor preparada que otras comunidades para la crisis. ¿Por qué? ¿Qué medidas prevé más allá de palabras y declaraciones de intenciones?
-Mientras Zapatero no asume la situación ni traslada confianza, la crisis coge a La Rioja con los deberes perfectamente hechos y un tejido empresarial competitivo. El caso de Solaria y la ampliación de Altadis son claros signos de que las empresas siguen mirando a esta región como un lugar atractivo, influido por la política industrial de este Gobierno. Además de la corrección y el aumento de las ayudas por parte de la Ader y la reducción de impuestos, hay previsto un aumento de la inversión pública en forma de un paquete de obras licitadas por más de 20 millones y combinado con la contención del gasto corriente. Además, la moderación de la deuda hace que ahora partamos de una posición óptima para un endeudamiento encaminado a hacer inversión pública. Si a mediados de los 90 teníamos tanto presupuesto como deuda, cómo no vamos a poder ahora afrontar un endeudamiento del 25% ó 26%.
-En este curso político se echa en falta una gran obra que visualice la acción de Gobierno.
-Hemos ido completando la comunidad con infraestructuras emblemáticas como Riojafórum, Valdezcaray, el aeropuerto, el Hospital San Pedro... Precisamente por ello no se precisan obras de tanta envergadura, aunque esta legislatura hay en marcha otras como el Complejo San Millán o la bodega institucional anexa al Centro de Investigación de la Vid del Vino, que se convertirán también en señas de identidad en sí mismas.
-Entre sus objetivos está la apuesta por la I+D+i, pero un año después de crear la Consejería no se aprecian muchos avances.
-Lo que ya se ha logrado es consensuar un ambicioso tercer plan y estructurar una red de centros para que vayan en la misma línea de una investigación más práctica y pegada al terreno. La I+D no surge de la noche a la mañana, pero las bases ya están puestas.





