
A estas alturas ya nadie discute que Torres y Villa forman la pareja más letal de la cita de Austria y Suiza. El delantero del Liverpool, más motivado que nunca para acallar cualquier polémica, ofreció una demostración de anticipación en el primer tanto. Y el asturiano hizo el más difícil todavía: qué temple para controlar dentro del área y definir cuando el encuentro ya moría. Con esta pegada y esta lealtad a la estrategia de Luis Aragonés se puede llegar muy lejos. Todavía no es el momento de echar las campanas al vuelo, pero lo cierto es que la selección, juegue quien juegue, transmite buenas sensaciones y tiene esa pizca de suerte que le ha faltado en otras competiciones. Portazo, pues, a las dudas.
Bien posicionada
Escarmentada por su inicio ante Rusia, España marcó territorio desde el primer minuto y volvió a convertir la medular en su centro de operaciones. Sabía de la experiencia de Suecia y que no podía enseñarle ni el más mínimo signo de debilidad. Con un Senna inmenso en la circulación, el equipo nacional manejaba el tempo ante un rival que puso el cerrojo y tiró las llaves. Curiosamente, ese dominio se transformó en desconcierto y desorden cuando se adelantó en el marcador. Fueron los peores minutos de la selección, que dio un paso atrás y propició el empate de Ibrahimovic en un error defensivo de Sergio Ramos.
El de Hortaleza ha conseguido que su tropa crea a pies juntillas en lo que hace, un paso imprescindible para tratar de hacer historia. A diferencia de lo ocurrido en otros torneos, España se conoce y, lo que es mejor, la reconocen. Por eso el equipo no se descompuso cuando Albiol entró por un lesionado Puyol y cuando Cesc y Cazorla sustituyeron a Xavi e Iniesta. Hubo pequeños retoques, pero el equipo siguió a lo suyo, sin traicionar la filosofía general y convencido de que, tarde o temprano, lograría abrir la lata. El boleto lo selló David Villa, delantero de moda de la Eurocopa.
El cuerpo técnico y la plantilla insistirán en que no hay euforia y que siguen con los pies en el suelo. Es su papel. Pero sólo había que ver ayer a los aficionados para darse cuenta de que ha vuelto la ilusión por una selección diferente que tiene una pegada impresionante y que está aliada con la fortuna -eso sí, buscada- cuando las cosas se ponen difíciles. Los síntomas prometen y España ya figura en las quinielas para ganar el título junto a Holanda y Portugal.







