Sobran los motivos para impedir ésta cacicada (aún tiene que pasar por el Parlamento Europeo: ¿estamos a tiempo!). La semana laboral de 48 horas es una conquista social que data de 1927. Y no fue ninguna «concesión graciable»: hubo que arrancarla luchando denodadamente, con mucho tesón y coraje, dejando incluso muertos en el camino.
Si permitimos ésta regresión, quién sabe cuál será el siguiente paso . Quizá, ya puestos, se abogue porque vuelvan a bajar a las minas los/as niños/as de siete años, ya que su diminuta envergadura les permite pasar por las galerías por las que no pasan adultos. También es perfectamente posible que nuestros señores feudales de hoy (los directivos de las 'mega-corporations' que dominan el mundo), reclamen la reimplantación del 'derecho de pernada': deben estar bien satisfechos para que sean generosos en el reparto de las migajas. Viendo que, si con la limitación establecida en 48 horas (40 en España), se cometen tantos atropellos y arbitrariedades (la gente 'curra' mucho más de 48 horas semanales), es para echarse a temblar si uno piensa lo que serán capaces de hacer cuando dispongan de 65.
La única oposición a éste despropósito (bastante tibia, por cierto) fueron las abstenciones de 5 países, entre ellos, España. Nadie votó en contra, para vergüenza de ministros que se dicen a sí mismos 'socialistas'.Y, encima, hay que aguantar los rebuznos de los que afirman que estamos en la 'dictadura de lo políticamente correcto' ¿Qué jeta! ¿Qué asco!
Benito Coterón Blanco





