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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

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Hierro fundido
Marzola intenta superar una crisis que amenaza una trayectoria de siglo y medio
06.06.08 -
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Hierro fundido
Vista en una lámina de la antigua fábrica de Marrodán y Rezola, Talleres de Fundición y Construcción de Máquinas.
Marrodán y Rezola (Marzola), una de las empresas más emblemáticas de La Rioja (hace siete años celebró su 150 aniversario), atraviesa en la actualidad por una situación financiera extremadamente complicada, que le ha obligado a solicitar un concurso de acreedores sobre el que, según fuentes relacionadas con la operación, todavía no se ha pronunciado (si lo acepta o no) el Juzgado de lo Mercantil. La solicitud va acompañada de un plan de viabilidad con el objetivo de reflotar la compañía y evitar, así, el final de una empresa familiar en la que todos los socios han sido descendientes del fundador y familiares, de la sexta o séptima generación.

Todo comenzó en 1851, cuando Juan Ermigio Marrodán abrió un taller llamado 'Herrerías' en Logroño especializado en trabajos relacionados con el hierro. Su hijo Salustiano impulsó el negocio, tanto en su aspecto industrial como comercial, construyendo un gran taller con moderna tecnología y abarcando la maquinaria vitivinícola. Así, de aquel pequeño local en la calle Juan Lobo, la firma se trasladó a la esquina de El Espolón con Vara de Rey, donde estuvieron ubicadas una ferretería y la fábrica, que ocupaba una parcela que llegaba hasta la actual sede del Banco de España.

A lo largo del siglo XX se produjo la consolidación y expansión de Marrodán y Rezola que pasó a constituirse como sociedad limitada en 1929 y como anónima en 1958. En esas tres décadas fue fundamental la figura de Javier Adarraga, un ingeniero de Hernani que emparentó con la familia Rezola, y que logró llevar a la compañía riojana a su época de mayor expansión, investigando nuevas soluciones industriales y renovando de una manera constante la maquinaria y los equipos de producción. La empresa todavía conoció dos sedes más (el solar entre las calles Vitoria y Fundición, así como tres pabellones en Siete Infantes) hasta que se instaló a mediados de los 90 en su actual sede de Navarrete.

Marzola ha exportado su maquinaria vitivinícola e industrial a los cinco continentes y su plantilla en alguna etapa llegó a rondar los 300 trabajadores. En la actualidad, la firma cuenta con unos 65 empleados.

Las complicaciones comenzaron hace un par de años, pero la situación se deterioró a finales del 2007 por la caída de las ventas y el incremento de los costes de producción. Ello conllevó pérdidas importantes y una incapacidad para atender temporalmente pagos (proveedores, salarios, cotizaciones sociales), sin dejarle otra alternativa que solicitar el concurso de acreedores.
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