Lo que más me disgusta de toda esta movida es que pidamos a la Administración que sufrague nuestros caprichos. Todos queremos ser pijos y topeguays y llevar a nuestros chavales a Maristas o al Alcaste, donde no hay moros ni sudacas ni gitanos y sí mucho cochazo y mucha gente bien con ropita de marca y mucho profesor de inglés/francés/alemán desde párvulos y, en fin, muchos aires de grandeza anglosajona. Pero nos jode un poquito más tener que pagar esos privilegios: preferimos que sea Mamá Comunidad Autónoma la que ponga la pasta. Esta ambición por ser pijos sin rascarnos el bolsillo me parece una cosa triste y pobretona; cutre.
Resulta que, según publicaba este periódico, se han recogido veinte mil firmas para que Educación concierte el Bachillerato. No me parecería mal del todo si el Gobierno riojano obligara, por ejemplo, a los centros privados que quieran ser concertados a admitir un 15% de alumnado emigrante en sus aulas, para que éstas no sean una burbuja aislada, sino un reflejo de nuestra sociedad. Si todos pagamos, todos debemos asumir esas cargas y evitar así la creación de guetos. Y el que quiera ser pijo, que rompa la hucha y se vaya a Harvard.





