Usar el ingenio
La desgraciada historia de Marina, que podría ser la de muchos, es ésta: «En el año 2005 me compré un piso, después de trabajar incluso los fines de semana, y digo incluso por no decir también. A día de hoy, abril de 2008 y debido a los altos intereses y a la poca seguridad laboral, la cual me ha llevado al paro, me veo obligado a deshacerme de él, pues no puedo hacer frente a la señora hipoteca».
No deja de ser una loca carambola del destino que un agente inmobiliario sea incapaz de vender su propio piso, pero así están las cosas: «Lo he intentado, pero no me llama ningún comprador. Quien sí llama, cada mañana, es el señor director del banco preguntando por su dinero».
Tanto interés bancario ha acabado por desvelar a Marina, que parece haber aprovechado las horas en blanco para dar con una solución: «Después de más de una noche sin dormir y sufrir un estrés financiero que ríete tú de Julián Muñoz y pandilla, he llegado a la determinación de coger el toro por los cuernos y hacer frente a esta deuda utilizando algo de ingenio, que aún me queda, porque otra cosa...». «La idea es sencilla y he dividido el coste de 'mi piso' en participaciones de 5 euros».





