
Y este año, los problemas han empezado incluso antes. Desde comienzos de mes, el albergue de Logroño, con 88 plazas, se llena nada más abrir a mediodía y tiene que derivar unos 120 peregrinos al día a la parroquia de Santiago y a pensiones de la ciudad. «El año pasado teníamos que mandar a la parroquia unas 30 o 40 personas y ya nos parecían muchas», afirma Socorro Rodríguez, presidenta de Amigos del Camino de Santiago, asociación que regenta el albergue.
El Camino de Santiago viene experimentando un nuevo auge en la actualidad, sobre todo a raíz de su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad en 1982 y de la creciente promoción del Jacobeo desde 1993, que fue recibido con agrado al principio y ahora con preocupación. Y es que desde entonces, sobre todo a partir del 2004, el Jacobeo más populoso de la historia, las cifras se han multiplicado y en ciudades como Logroño las infraestructuras de acogida hace tiempo dejaron de ser suficientes.
Antes de ese año el número de caminantes que pasaban por Logroño no llegaba a 20.000; hoy ronda los 35.000. La evolución es siempre al alza: en el Jacobeo 2004 hubo 25.500 peregrinos (un 22%, más que en el 2003) y en el 2005 hubo 27.300 (un 6,4% más). Durante el 2006 se superó la barrera de los 35.000, lo cual supuso un incremento de más del 21% respecto al año anterior. Fue el año récord. Y el 2007 marcó un registro similar.
La situación de saturación se reproduce en los demás hitos riojanos del Camino, especialmente en Nájera y Santo Domingo (que son final de etapa convencional), pero también en puntos intermedios como Navarrete y Grañón. También ocurre fuera de La Rioja, aunque en ciudades como Pamplona y Burgos hay mayor número de plazas de albergue.
En Logroño, el Ayuntamiento prometió una ampliación (hasta duplicar el número de plazas) en 1999, sin embargo hoy se mantienen las mismas infraestructuras que en el Jacobeo 93. Los Amigos del Camino ven el futuro con temor: 2009 será Año Jubilar Calceatense y el 2010 es el siguiente Jacobeo. «No vamos a tener dónde meternos», augura Rodríguez.
Promoción internacional
¿Cuál es la razón de esta auténtica avalancha? Parece ser que la promoción del Camino de Santiago a nivel internacional está aumentando. Este año los peregrinos 'estrella' son coreanos y, por supuesto, los japoneses, como el año pasado lo fueron los alemanes. Esto puede deberse a la edición de guías turísticas en determinados países.
Los cierto es que la procedencia de los peregrinos cada vez es más variada en esta ruta indiscutiblemente internacional. Obviamente, la mayoría sigue siendo española: cuatro de cada diez caminantes son del país. Pero los hay que vienen de cualquier parte del planeta, desde Japón hasta Zimbabwe. Los extranjeros más numerosos, como ocurre tradicionalmente, son franceses (13,8%), alemanes (10,2%) e italianos (10%). Pero también los hay americanos del norte y del sur, del resto de Europa y de Asia, y también de África y Oceanía. En este sentido, el Camino continúa siendo un crisol de las culturas más variadas y una auténtica Babel itinerante.
Otra razón: los nuevos usos de la sociedad están afectando también a algo tan ancestral como el Camino de Santiago. La 'peregrinación' del siglo XXI poco tiene que ver con la original. Los motivos espirituales no están entre las prioridades del caminante de hoy, que busca mayoritariamente 'una forma distinta de hacer turismo' y 'un turismo barato', según reflejan las estadísticas.
«Una de nuestra mayores preocupaciones -advierte un veterano hospitalero riojano- es que nos estamos masificando. Hay gente que hace la ruta 'a la carta' y así se pierde el espíritu de la peregrinación».
Peregrinar 'a la carta' significa hacer un año un tramo del Camino y volver al siguiente (o no) allá donde se dejó. Este sistema resta dureza y es más asequible, y así aumenta el número de personas dispuestas a hacerlo. Por esta razón, Logroño se ha convertido en una especie de plaza estratégica dentro de la ruta. De hecho, para muchos peregrinos sirve como punto de partida o destino del Camino Francés, que realmente en España comienza en Roncesvalles (Navarra) y finaliza en Santiago (Galicia).
El peregrino es el protagonista en la ruta jacobea, pero nada sería posible sin los hospitaleros. También a ellos les afecta el problema de la masificación, la insuficiencia de las infraestructuras y la pérdida del sentido del Camino. «A nosotros nos gustaría poder llevar albergues de veinte plazas para poder charlar con los peregrinos, atenderles personalmente, fomentar el espíritu del Camino -dice uno de ellos-. No somos recepcionistas de hotel, sino voluntarios que queremos tener una vivencia humana. Pero hay mucha gente que llega y te exige servicio como en los hoteles; no saben que somos voluntarios. Desde hace tiempo tememos morir de éxito».





