
Continuas mentiras, promesas incumplidas e incertidumbre, mucha incertidumbre. Ese es el panorama que han tenido que vivir los blanquirrojos durante todo el año. Quienes más han padecido esta situación son aquellos que se encuentran lejos de sus hogares (14 de los actuales componentes de la plantilla son de fuera).
Uno de los que se encuentra más cansado de esta situación es Galiano. El gaditano no oculta su decepción: «Tengo unas ganas tremendas de irme a mi casa y no volver más que de visita». El defensa, que ha cuajado un final de temporada fantástico, comparte piso con el capitán blanquirrojo, Jaume. Ambos habitan desde principio de temporada en un piso propiedad de Edu García, segundo entrenador. «Él, mejor que nadie, conoce nuestra situación y por eso no hemos tenido problemas con el piso», afirma el catalán.
Por suerte, estos dos futbolistas no se han visto obligados a pedir dinero a familiares para poder vivir el día a día. «Hemos podido tirar de nuestros ahorros, aunque si la temporada hubiera durado un poco más, no nos habría quedado otro remedio», cuentan. Si existe un sentimiento con el que resuman el año ese no es otro que decepción: «Nos quedamos en Logroño porque nos ilusionó mucho el proyecto, pero no ha sido como esperábamos», lamentan.
Más problemas
Otros futbolistas de la plantilla han tenido más complicaciones en el aspecto económico. Dos ejemplos son Zeki y Gallego, los otros dos miembros de la plantilla que comparten piso como medida para intentar abaratar gastos. Al principio de temporada, cada uno de ellos vivía por su cuenta. Zeki solo y Gallego con su novia. Sin embargo, pasada la Navidad, y en vistas de que la situación se volvía insostenible, la novia de Gallego se volvió a Zaragoza. Zeki tenía problemas para pagar al casero y decidieron buscar un piso para compartir.
Pero esa medida ha resultado insuficiente y a los dos futbolistas no les ha quedado otro remedio que pedir dinero a sus respectivas familias. «Somos chicos jóvenes y no tenemos tanto dinero ahorrado como los veteranos», reconocen. Ante la difícil situación que viven, sus familiares se encuentran intranquilos e incluso les han pedido en alguna ocasión que regresaran a sus respectivas ciudades: «Lo único que queremos es que se solucione todo para, por lo menos, para devolverles el dinero».
Los dos jóvenes futbolistas reconocen que han tenido que recortar sus gastos y evitar los caprichos. «Hemos tenido que marcar unas prioridades. Cuando vamos al supermercado intentamos comprar los productos más baratos y evitamos cenar fuera de casa», dicen.
A pesar de los problemas, mantienen la esperanza de que se solucionen los problemas e, incluso, no descartan quedarse en el equipo si todo va bien. «En la ciudad estamos a gusto y la afición nos trata muy bien, no podemos tener quejas en ese aspecto», afirman.
Situación similar a estos futbolistas ha vivido Emil Stef, que además cuenta con el agravante de vivir lejos de su país. El rumano explica que al principio del año le costó mucho adaptarse al país y al idioma, pero que ahora se encuentra muy contento. En cuanto al aspecto humano, Stef vive con su mujer en un piso alquilado, y el casero ha ido comprendiendo poco a poco la situación que vive: «Al principio, tenía más problemas con él, pero ahora me permite llevar un par de meses de retraso en los pagos».
Más desahogados viven los futbolistas que son de la tierra. Ubis, por ejemplo, reconoce no haberle afectado demasiado la crisis económica, al vivir con sus padres y depender de ellos. «Lo que saco del Logroñés es para caprichos, pero, aún así, da mucha pena ver a compañeros míos que lo pasan muy mal», dice.
A los blanquirrojos no les queda otra opción que esperar a que se solucionen los problemas y tramitar la denuncia a la AFE para intentar cobrar el dinero adeudado. Después ya cada uno se planteará su futuro futbolístico, pero seguro que lo harán pensando en no volver a vivir una temporada como la recién terminada.





