
A sus 79 años, el 'doctor', recientemente jubilado, se dedica a acumular homenajes y distinciones tanto en su Alemania natal como en el resto de sus 'países de adopción'. Suya fue la apuesta, en 1973, de localizar una de sus factorías a orillas del Ebro, descartando regiones de tanto peso como la mismísima Alsacia francesa. Fue un 20 de enero cuando los destinos de Logroño y de Todtnau, donde se ubica la sede matriz, quedaron unidos para siempre.
A día de hoy, el imperio que ha construido y que en la actualidad dirige uno de sus hijos, Ulrich, es líder mundial indiscutible en maquinaria para la fabricación de cepillos de todo tipo. India, China y Estados Unidos también cuentan con sus atenciones en forma de fábricas. Una empresa familiar en toda regla que va pasando de padres a hijos desde 1902 y que servía al presidente del Gobierno de La Rioja, Pedro Sanz, para compararla con las pymes riojanas: «Iniciativas con los pies en la región y con la mente abierta al mundo».
Ayer, durante el homenaje a Heinz como reconocimiento «a sus méritos y por toda una vida dedicada al trabajo» en 'la tierra con nombre de vino', familiares, amigos, empleados y autoridades de sus dos 'patrias' coincidieron en destacar las virtudes de su éxito: modestia, sinceridad, valentía y humanidad.
«Cuando en 1971 la Europa actual, tal y como la conocemos, era para muchos una utopía, Zahoransky la vislumbró interesándose por el norte de España, concretamente por La Rioja», dijo un emocionado José Lozano, encargado de realizar una semblanza del 'señor Heinz' en nombre del grupo empresarial. Y los aplausos no se hicieron esperar...











