
Rajoy acudió a la concentración silenciosa convocada por el Ayuntamiento de Madrid en la plaza de Cibeles, en compañía del alcalde, Alberto Ruiz Gallardón; la ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, el portavoz municipal del PSOE, así como otros concejales socialistas y de IU. El líder del PP, en una breve intervención ante los medios de comunicación, puso el acento en la unidad política contra ETA, que se recuperó plenamente con motivo del asesinato del atentado en el que perdió la vida el guardia civil Juan Manuel Piñuel. Pero el presidente popular se negó a responder a preguntas relacionadas con la última bronca interna de su partido, protagonizada en esta ocasión por la presidenta del PP vasco. «Hoy (por ayer) no es día para hablar de eso», argumentó. «Es día de estar con las víctimas y de la unidad contra el terrorismo», añadió.
De esta opinión participan otros dirigentes de su entorno entre los que arrecian las críticas por el comportamiento de San Gil que lanzó su órdago al líder del partido unas horas después del asesinato de ETA. En conversación informal -en las instalaciones de los jardines de Cecilio Rodríguez, donde asistió con Gallardón a la entrega de las medallas de oro de Madrid-, Rajoy se mostró satisfecho por el desarrollo de la reunión que mantuvo anteayer en Vitoria con dirigentes de su partido en el País Vasco, encabezados por San Gil, a los que cree que ha hecho recapacitar. Fuentes de los asistentes a esta convocatoria destacan la sinceridad con que se mantuvieron las posiciones de ambas partes y aseguran que la conversación no estuvo exenta de tensión.
Firmeza
El presidente del Partido Popular les garantizó que coincide con sus planteamientos y que se mantendrá firme en los principios fundamentales del partido, pero los dirigentes vascos defendieron las razones de María San Gil para dimitir como ponente del documento político.
Los vascos pidieron mantener un cauce abierto de comunicación con la dirección nacional pero reconocieron que «la distancia» que existe, hoy por hoy, entre unos y otros es grande y marcada por la desconfianza. Tanto en Madrid como en Vitoria existen claras sospechas de que San Gil ha perdido parte de su carisma en este conflicto, no tanto por sus planteamientos sino por las formas empleadas para defenderlos. A muchos dirigentes les cuesta entender el porqué de su dimisión como ponente después de que los autores del documento integraran todas sus aportaciones y también se declaran indignados por haber celebrado su rueda de prensa en un día de luto. Los seguidores de San Gil atribuyen las críticas que ha recibido de algunos de sus compañeros del PP vasco a las secuelas de la división interna que se produjo cuando fue elegida líder del partido frente a la histórica Loyola de Palacio.
La presidenta del PP vasco convocó ayer para el próximo lunes a la junta directiva regional donde se espera que informe de lo ocurrido. En la reunión de Vitoria, Mariano Rajoy explicó a los dirigentes vascos el giro de su posición en la lucha contra el terrorismo para apoyar ahora sin fisuras al Gobierno socialista en esa batalla con toda la fuerza de la Ley y el estado de Derecho.
Paz interna
El PP del País Vasco le garantizó la paz interna si su posición se asienta en el respaldo a José Luis Rodríguez Zapatero en contra de la negociación y por la derrota de la banda terrorista. Y sobre estos principios hace pilotar el líder popular su nuevo discurso antiterrorista, que estrenó el miércoles en el Congreso de los Diputados y que ayer reiteró en la plaza de Cibeles.
«He dicho con claridad al presidente del Gobierno -dijo- que cuenta con todo mi apoyo para la derrota de ETA y hoy lo quiero repetir». «Espero que se acepte porque la unión de las fuerzas políticas es primordial», añadió.





