- ¿Cómo se siente tras haber dejado patente en Madrid tu sentimiento como torero?
- No tengo palabras para describir la emoción que tengo dentro; de verdad, estoy tan contento que no sé ni qué decir.
- ¿Cómo late el corazón cuando 24.000 personas lanzan esos olés tan unísonos?
- Es algo indescriptible. La verdad es que estás tan metido en la faena que es algo alucinate sentir el toro, como pasa y al final del muletazo el público entusiasmado.
- ¿Qué ha sentido cuando ha pinchado la faena de su primero?
- Rabia; sin embargo estaba convencido de que era mi día; llevaba demasiado tiempo esperando esta oportunidad para desperdiciarla. Creo que ha sido muy bonito la forma en la que el público ha captado mi forma de entender el toreo y por eso yo estaba seguro de qué ése era el camino. Torear bien, torear despacio.
- El segundo toro de su lote era impresionante por su tremenda presencia, por sus pitos ¿Cuál ha sido el secreto?
- El temple y darle siempre su sitio. Era malo atacarle mucho y he ido poco a poco metiéndole en la canasta. Además, con su volumen costaba mucho llevarle. De todas formas, ha sido generoso conmigo de la misma forma que yo con él. Y la gente lo ha visto.
- ¿Y la espada?
- Había que matarlo y me he tirado de verdad. Maravilloso ver esa plaza con todos los pañuelos flameando, la gente loca... No sé. Ha sido algo precioso.
- ¿Le va a servir?
- No quiero ni pensar en ello; lo ha podido ver toda España y yo lo que quiero es progresar y ser cada día mejor torero porque amo esta profesión.





