Tan sólo medio año después de su fundación en España, la Guardia Civil llegó a La Rioja, era el 25 de noviembre de 1844 y sus primeros agentes se instalaban en la calle Murrieta de la capital riojana. Poco después se abriría un puesto en Ausejo.
Ayer todos vestían de gala -el uniforme verde habitual, pero con camisa y guantes blancos- y sobre sus cabezas los brillantes tricornios. La sencilla ceremonia estuvo presidida por el delegado del Gobierno, José Antonio Ulecia. Acudían también a la celebración el presidente de La Rioja, Pedro Sanz; el presidente del Parlamento riojano, José Ignacio Ceniceros; y el alcalde de Logroño, Tomás Santos, quienes acompañaron al coronel Francisco Arribas, jefe de la X Zona de la Guardia Civil; e Ildelfonso Hernández, responsable de la Unidad de Acción Rural.
A lo largo de su historia, la Guardia Civil ha sufrido en La Rioja seis atentados de ETA: dos contra el cuartel de Calahorra, los ataques contra los cuarteles de Arnedo, Casalarreina, el Destacamento de Tráfico de la AP-68, en Logroño, y la emboscada a un convoy de autobuses de la Benemérita en Villamediana, atentado que se saldó con un muerto y casi medio centenar de heridos.
Ayer, tras la lectura del decreto de fundación de la Guardia Civil, que firmó el entonces ministro de la Guerra Ramón María Narváez, se procedió a la imposición de 16 condecoraciones y a la entrega de diez placas. A continuación, el coronel Arribas afirmó en su discurso que «seremos lo que el pueblo español quiera, y esperamos y deseamos que nos quiera, por lo menos, otros tantos años». La celebración culminó con un vino en el que se brindó por el Rey como «primer soldado de España».













