
Por si este cambio de actitud no fuera suficiente, las imágenes del propio primer ministro, Wen Jiabao, mojándose bajo una incesante lluvia y armado con un megáfono para dar ánimo a los equipos de rescate, a los supervivientes, y a los familiares de las víctimas, a quienes ha ofrecido su hombro, ha dado la vuelta al mundo y ha provocado un hondo respeto entre la población china, acostumbrada a ver a sus dirigentes alejados del pueblo. El hecho de que Jiabao llegara a Dujiangyan, una de las más castigadas por la catástrofe, sólo cuatro horas después del terremoto ya fue interpretado por muchos como un giro político de 180 grados. «Nuestra prioridad es, sin duda, salvar vidas, pero no podemos olvidarnos de consolar a los familiares de los fallecidos y a todos los que han quedado sin hogar», declaró ayer el dirigente chino a la agencia de noticias Xinhua.
«No puedo creer que nuestro primer ministro esté trabajando codo con codo con los soldados en estas condiciones», comentaba uno de los afectados a la televisión provincial de Sichuan, que emite casi en directo las labores de rescate. El mismo sentimiento mostraba entre sollozos una madre cuyo hijo seguía anoche sepultado bajo los escombros de su escuela, en el pueblo de Beichuan: «Estoy segura de que nuestro Gobierno hará todo lo posible por sacarlos vivos».











