
Podrá centrar así sus esfuerzos en la negociación de los demás puntos y, en especial, del más perentorio: la igualdad de hombre y mujer en la sucesión a la Corona.
La reforma constitucional parecía haber caído en el olvido hasta que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, la rescató hace una semana en una comparecencia ante el Congreso. Resurgió así como prioridad de la legislatura y ayer Zapatero insistió en que «sigue mereciendo la pena» y que el clima político de esta legislatura, «más sosegado y eventualmente más receptivo a una iniciativa como ésta», debería facilitar la tarea. Sin ninguna prisa. «Con toda la legislatura por delante», dijo.
Las discrepancias entre PSOE y PP no son tan graves, salvo en lo que se refiere al Senado. Ambos partidos coinciden en que resulta casi obligado eliminar la supremacía del varón en la sucesión al trono, pero también son conscientes de que plantear este cambio entraña un serio riesgo porque modificar cualquier aspecto de la Carta Magna relativo a la Corona requiere el refrendo popular y los dos partidos mayoritarios temen que la consulta se convierta en un plebiscito sobre monarquía o república.
Entendimiento
Los socialistas sumaron a esta reforma la del Senado, la inclusión de los nombres de las comunidades y la incorporación del proyecto europeo; pero el Gobierno admite que estas dos últimas propuestas arropan las anteriores pero son de menor entidad. Estarían pues dispuestos a estudiarlas separadamente e incluso a prescindir de alguna de ellas si complican el entendimiento. «No son o las cuatro o nada», admiten fuentes gubernamentales.
Introducir el nombre de las comunidades autónomas puede embarullar la negociación porque los populares exigirían que se aproveche el retoque del título VIII para delimitar las competencias de las comunidades autónomas y los nacionalistas para discutir sobre el derecho de decisión. El Gobierno podría pues aparcarla.
El Senado es otra cosa. Zapatero considera que su reforma es esencial, pero no quiere que el debate sobre cómo abordarla bloquee las conversaciones. Por eso anunció que remitirá a la Mesa del Senado el informe elaborado en la legislatura pasada por el Consejo de Estado para que los senadores comiencen a trabajar con él en solitario.
La propuesta, dos folios
La intervención de Rodríguez Zapatero ante el Senado también sirvió al presidente del Gobierno para lanzar un mensaje al 'lehendakari' Juan José Ibarretxe, al que reclamó que predique con el ejemplo cuando exige diálogo, «negociación y no imposición».
Alegó que el documento remitido a La Moncloa por el presidente del Gobierno autonómico el viernes, tan sólo un día después de que se le citara a una reunión para el 20 de mayo, demuestra escasa voluntad de diálogo. «Me mandó -dijo- un contrato de adhesión de dos folios» y calificó como «ocurrencia» su propuesta.
Zapatero acusó además a Ibarretxe de mostrar escaso respeto por las instituciones vascas, un comportamiento que juzgó especialmente grave para un presidente de Gobierno. Advirtió de que su plan no es «asumible en ninguna de las categorías conocidas en un Estado compuesto» como el español y le conminó, a fraguar una posición común de entendimiento entre todas las fuerzas políticas a partir del desarrollo del Estatuto de Guernica.





