
En su día, que un equipo de Logroño visitara al FC Barcelona era noticia grande. Ahora, con sólo dos años de balonmano en la élite, los logroñeses se han acostumbrado. El club parece haberle cogido tanto el gusto a la categoría que se diría que afronta el compromiso como con desgana: faltando a sus costumbres, el Naturhouse no viaja a Barcelona de víspera, sino la misma jornada del partido.
Con doce
El equipo se ahorra unos dineros, cierto, pero hay otro condicionante: que hasta ayer mismo por la tarde Jota no sabía cuántos hombres podrían acompañarle a visitar el Palau. La semana pasada fue casi un sainete: con seis o siete hombres en cancha, el Naturhouse se dedicó a hacer vida sociales o a invitar a los niños de la cantera a pasar un buen rato. Entrenamiento, lo justo.
Aún así, Jota podrá viajar mañana con 12 jugadores, aunque no todos estén en perfectas condiciones. Y eso obligará a algunos a pasar muchos minutos en la cancha. Pero nada es desconocido para el Naturhouse, que lleva así casi todo el año.
El de enfrente también tiene sus problemas con las lesiones, pero en una plantilla como la del Barça esas cosas se notan menos. No estarán esta tarde ni el extremo Víctor Tomás ni el pivote Rubén Garabaya. Claro que lo que le queda al Barça -empezando por el pivote de la liga, Iker Romero- es suficiente como para hacer temblar a cualquiera. Los azulgrana, además, se despiden de su afición tras un año con muchas esperanzas pero con demasiados sinsabores, en el que han probado demasiadas veces las amarguras de la medalla de plata.











